Técnica – Jigging

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Hace un tiempo que me he alejado un poco del jigging, hasta hace no mucho mi técnica favorita, que últimamente solo he practicado en el trópico. Es curioso pero la sensación que tengo es que en general el jigging no está cosechando tanto interés como hace unos años o unos meses si me apura. A parte el subidón del Rockfishing en estos últimos meses el que ha seguido en su línea, cosechando capturas y la atención en los medios y "social medias" ha sido el spinning, que al parecer está totalmente ajeno a las modas y caducos sentimientos de una tribu caprichosa y voluble.

Seguimos pescando a spinning, con más intensidad si podemos pero pocos van sondeando los abismos en búsqueda del animal para enmarcar, aquel trofeo que antaño nos hacía soñar y sudar la gota gorda remolcando plomos de 300 gramos. Los que siguen bajando hierros han aligerado el equipo, pescan con 3o libras o 50 si el riesgo es alto pero nunca jamás con 80 libras, como requería el libro gordo del siglo anterior, y los jigs se han quedado en 120, 150g y 200 en casos de corrientes abismales que se llevan el barco a 5 nudos.

El jigging sin duda ha cambiado y me gustaría poder decir que ha cambiado a mejor, es un técnica más fina para la que se aplican leyes de la física más exactas y  cada día más complicadas. Yo llevo tiempo sin practicarlo, la última experiencia fue en Maldivas hace unos meses y nada para tirar cohetes, por lo tanto me gustaría preguntar a este estupendo público como las va a ellos, si siguen, han parado, van a medio gas y sobre todos con que jigging están lidiando ahora. Después entraremos en movidas más específicas como Kabura e Inchiku.

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Me explico mejor, al tener una tienda conozco los gustos de mis clientes y sin duda el color que más piden es el Sardina, y con cierta diferencia. Seguramente este pequeño pez pasto representa una parte importante de la dieta de muchos de los depredadores marinos, sin embargo su presencia es limitada a algunas zonas del ecosistema además de ser estacional. Si empezamos a enumerar las posibles chuches del clásico depredador costero o pqueño pelágico encontramos una salvajada de opciones en el menú: doncellas, bogas, espetones, boquerones, anchoas, cangrejos, gambas, sepias, chipirones, calamares, lisas, anguilas y por supuesto todos los juveniles de los depredadores que suman otro millar y medio de especies. En fin, que por falta de elección no será ¿entonces a lo mejor no seremos nosotros demasiado conservadores y tradicionalistas? Decíamos con el Señor Mario en Guinea Bissau: "Estoy más estresao que una Sardina en Bijagos", porque hasta los bichos más insignificantes les daban cera, pero aquí estamos en en la cuenca del Mediterráneo y desde luego las cosas con diferentes. Escupid vuestras iluminadas opiniones nenes, que quedan dos días para la Navidad y seguro que nadie tiene ganas de currar 🙂

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Tengo un poco de prejuicios a la hora de insistir batiendo por mucho tiempo un mismo lugar o volver a pescar por dos veces seguidas en un día o en dos días consecutivos la misma zona; creo que es una herencia que voy arrastrando desde los tiempos en que solo pescaba en agua dulce pero dudo que se trate solo de un capricho. Más de una vez he podido comprobar que en un lugar que en un momento dato ha sido especialmente productivo, al volver las cosas han cambiado radicalmente y no se ve una aleta y no son una o dos veces, sino muchas en las que a pesar de mi reticencia me he encontrado en una situación similar. La otra manía que mencionaba me frena del insistir en lanzar repetidas veces en el lugar exacto, prefiriendo dirigir mis disparos hacía zonas nuevas, donde en principio todavía no se ha visto señuelo.

Entiendo que cada uno de nosotros tendrá experiencias análogas o totalmente diferentes y me doy cuenta que hay zonas donde el problema no se presenta o por lo menos se manifiesta en manera muy reducida: las bajas donde se concentran los pelágicos ofrecen resultados día tras día, independientemente de la presión de pesca. Lo mismo ocurre con las zonas sin estructuras marcadas y donde a pesar de todo hay abundante presencia de pez pasto, con los depredadores que inclusive se juntan con el aviación y se montan unas pajareras impresionantes. Un cambio en el clima puede estar acompañado por importantes cambios en la actitud de los depredadores hasta desplazarlos de un sitio a otro, renovando en un pispas una zona ya batida anteriormente. Finalmente hay zonas de paso o donde los depredadores entran solo en determinados momentos, por ejemplo puntas de piedra, playas someras, desembocaduras de pequeños ríos y arrecifes que se llenan de vida con los cambios de marea o la aglomeración de pez pasto.

Seguro que muchos de vosotros podrán aportar algo más a mis tambaleantes teorías, me encantaría escuchar vuestra opinión y conocer vuestras experiencias; seguro que al estar más cerca del mar que este servidor lo tenéis mejor medido. Los comentarios están abiertos.