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¿Lo dije o no que iba a intentarlo? Pos si, y a la primera ocasión que se me presenta dejo de lado mis amados señuelos rígidos, más sencillos de usar y que no requieren montajes atrevidos, y ato al bajo una Virago de 4", con un montaje que aprendí de un amigo pescador de bass y que, según me comenta, funciona muy bien con ese señuelo.

Lo que ocurre es que la Virago cuesta dinerito porque como vinilo se sale un poco del montón. Amén de estar pintada a mano, la jodía esconde en su vientre una cámara de aire, por lo tanto, al montarla con una bola de drop shot en la cabeza baja bien y en cuanto toca el fondo se queda así, con la cola para arriba, gracias al aire en la barriga, y el morro para abajo.

Debe de parecerse y mucho a un pez pasto que está comiendo distraído, a su bola vamos, porque la primera picada casi me quita la caña de las manos. Ya entendéis, uno empieza a probar una cosa nueva y no sabe que esperarse, a lo mejor se tira todo el día pegando lances sin ver un toque, ni de una cabrilla borracha. Pasa, claro que pasa. Por lo tanto, al llegar el leñazo me quedo algo atontado pero no lo suficiente para no reaccionar a tiempo, y eso que ya soy mayor, con canas y la memoria que va como una Trabant del '61. Clavada rápida y sube para el barco una bonita Lubina, nada de trofeos, simplemente bonita. ¿O es que hay alguna vez que una Lubina no sea bonita?

No se queda allí la cosa, animado por el resultado sigo en mi tarea y de repente tengo otra picada, esta vez aún más contundente. Parón, un segundo de reflexión y parte el animal como un...un... pues animal, eso es. Primera carrera y ese ser misterioso no quiere detenerse, parece tener reservas por un tubo (o dos) y sigue sacando hilo de manera preocupante. Entre manos tengo una varita de 1/4oz, es decir siete míseros gramos, hilo de 10lb y un bajo de 19lb. Ligero pero seguro, poder voy a poder, así creo. Si solo parara. Pues lo hace pero no parece contento de la situación y arranca de nuevo; empiezan las especulaciones sobre quién va a estar al otro lado del hilo. Casi acierta Paquito, aún no al 100% pero se acerca. Cuando llegamos a verle casi nos da un susto, creíamos que era una especie nueva, desconocida, hasta que finalmente asomó el lomo y pudimos ver que se trataba de un Estornino. Por cierto, el más grande visto hasta la fecha, por lo menos el doble de tamaño del que cualquiera de nosotros hubiese sacado nunca.

Con el mismo montaje arreglo un SV Craw, un cangrejo de Molix que me encanta y vuelvo a bajarlo hasta el fondo. Dura poco el invento y al rato sube dentro de la boca de un cabracho entrado ya en edad de marido - o mujer, vete tú a saber el sexo de esos bicho con todos los pinchos que tienen - para hacer la foto hay que sacarlo o no se ve, aquí lo tenéis. En el día y medio siguiente he probado más montajes interesantes que han ofrecido resultados igualmente llamativos y de los que iremos hablando pronto. De momento os recomiendo ir probando cositas nuevas con los vinilos, hay un horizonte abierto para la pesca en el mar y sorpresas por doquier. A currar nenes, que ha llegado - más o menos - el verano. Si deja de llover, eso es.

Dejé la pesca del Black Bass hace casi veinte años, cuando desde Milán vine a vivir en Madrid. En la capital Lombarda era uno de los depredadores más fáciles de encontrar y para un bípedo sin embarcación, un depredador al que se podía llegar hasta en autobús, ya que en los alrededores de la villa Sforzesca hay muchas "cava" que no son nada más que lagos formados por la extracción de piedras, grava y cantos rodados. Una vez explotadas se quedan abandonadas, y como hay muchas infiltraciones de agua que proviene de las venas que surcan el subsuelo de esta región, se transforman en peceras al alcance de todo el mundo. Luego siempre hay alguien que le echa un pez o dos y así cobran vida propia. Por haber hay un entero parque que se llama "Parco delle cave", y estás pescando con el tráfico a pocos metros.

La pesca del Black Bass me enseñó muchas cosas, entre ellas desarrollar cierta sensibilidad en la pesca con los vinilos, algo que creía haber perdido con el tiempo, un hecho que lamentaba porque es una base muy importante sobre la cual desarrollas muchas habilidades en la pesca con señuelos. Pero, se dice que una vez que has aprendido a montar en bici o hace el amor nunca jamás se te olvida, y supongo que así es. ¿Adónde vas a parar el transalpino? Tened paciencia cagaprisas que lo que os voy a contar es muy breve y necesito decorarlo un poco. A lo que iba, despacito. Hacel el amol...eso es - no - otra cosa - ¡que me estáis liando!

Hace unos días os contaba de que había llevado mi hija a pescar conmigo, una entrañable aventura de padre babeante y niña rubia que lanza spinnerbaits como un profisioná. Pues en ese día tan agradable pesqué un rato, un rato largo digamos, y a parte algunos momentos dedicados a probar paseantes, mi perdición, decidí dedicar mi tiempo a investigar algunos montajes con vinilo, total había un sol que abrasaba y el cielo más despejado que un abstemio a las 10 de la mañana. Recordé algo que me había enseñado un amigo pescador de Bass y monté una Virago de 4" con un anzuelo y un plomo de drop shot montados en la cabeza.

Mi amigo me había comentado que al tener la Virago una cámara de aire en la barriga, con el peso en la cabeza se iba a quedar suspendida en el fondo, con la cola para arriba como si estuviese comiendo. Admiro la inteligencia de sendos seres humanos que alcanzan semejantes descubrimientos, para mí, al máximo del desarrollo cerebral, como mucho he logrado cambiar un triple por un sencillo o montar un assist hook en un stickbait, y me sentía bastante orgulloso de ello... Dicho y hecho me pongo a pegar lances, siempre con un ojo pendiente de la criatura, que seguía haciendo sus pinitos.

Llegados a una recula del embalse que me trae buenos recuerdos, clavo la Virago en una esquinita de donde sobresalían algas, dejo que toque el fondo y le pego un tironcito. Si está comiendo - me digo - también se moverá para pastar la bicha, e imagino que irá levantando la cabeza para luego volver a meter los morritos pegados al fondo, el señuelo, eso es, que no os liéis. Pienso en fin. En ese momento, mientras mi cabeza hacía elucubraciones a las que Einstein no hubiese llegado ni harto vino, noto la descarga eléctrica que todos bien conocemos. Aviso mi hija y en el mismo decimosegundo bajo la caña para dejar que, fuese quien fuese, pudiera comerse el señuelo en santa paz.

Aquello de ver el hilo moverse lentamente tensándose es un recuerdo que creía que tenía olvidado pero - sinceramente - no. No se olvida. De repente pasan por mis cabezas las docenas de picadas de bass a la lombriz de vinilo, recuerdo la preparación aguantando la respiración y empezando la cuenta atrás, mientras el brazo derecho carga los muelles listo para meter el cachetazo que da salida al combate. Sin darme ni cuenta tenía el bicho clavado, la enana mirándome con asombro y mi mujer que aparecía por el camino detrás de nosotros que aligeraba el paso para ver qué era lo que pasaba. Típica escena familiar, ya sabéis.

A no haber Black Bass en el pantano lo que había picado era un luciete de tamaño casi embarazoso, pero la historia no va por ahí, el ego varonil lo dejamos para otro cuento. Lo que me apasiona de toda esta historia es lo de haber vuelto, después de muchos años, a probar aquella secuencia que el tiempo y la falta de costumbre habían arrinconado en algún remanso de la memoria y que - estruendos y relámpagos  - mola mogollón. Tal cual niño pequeño estoy ahora impaciente para mi próxima aventura con la firme intención de volver a probar todo aquello, y no te escondo que no me importaría nada volver a meterles un meneo a los Black Bass, además tengo ideas para hacer unas fotos muy chulas, y del boca grande no tengo ninguna.

Esto es lo que hay nenes, la inspiración ha vuelto pero los bichos interesantes todavía no, se hace lo que se puede, seguid siguiendo las historias que aparecen en pantalla, antes o después algo bueno saldrá.

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Momentáneos o no diría, ya que algunos duran más de un amanecer o de una interminable temporada y otros un puñado de segundos, por decir algo. Lo que ocurre es que se deja uno llevar por el entusiasmo, la pasión y se mueve por impulsos, como una de aquellas famosas ranas ya hecha fiambre a las que se le aplica corriente eléctrica; experimento de lo más cruentos que seguramente ha destrozado la infancia de más de un enano.

De repente, liado en plena sesión de jerkbait y con el entusiasmo al rojo vivo, crees de haber encontrado la pesca que más te pueda gustar en la vida y que por ese camino seguirás hasta que el hombro aguante el disparo. Resulta, sin embrago, que la semana anterior te lo había pasado pipa con un paseante, y en aquel momento habías dicho (palabras textuales): “Es que no hay pesca más bonita que esta…”. Llega la tarde y sacas de la chistera un vinilo, le echas un vistazo sin mucho amor y decides montarlo en una cabecita plomada, sin emerillon ya que habías recién cambiado el bajo por un encontronazo con una piedra. Ha sido justamente el bajo nuevo que te ha guiado hasta poner esa criaturilla oleosa y sin espina dorsal, ya que con la grapa ya atada, sinceramente es un poco rollete enganchar un señuelo blando. Lanzas, con la misma fe que tienes en que Suiza pueda ganar el mundial de futbol y empiezas tu labor.

La picada te coge desprevenido, primero un mordisco, luego otro más fuerte y finalmente el peso en la puntera, la caña que se dobla y la clavada que pone todas las cosas en su sitio. ¿Demonios, esto es una pasada! Parece la primera vez que tienes una picada al vinilo y sin embargo ni te acuerdas de cuantas has disfrutado en el pasado, pero la emoción se renueva como el primer beso a una nueva novia. Es cierto, las picadas al vinilo pueden llegar a ser sobrecogedoras, sobre todos cuando tienes la posibilidad de notar en el blank todos los mordiscos, si son más de uno, y hasta imaginarte el bicho que ataca con el horno abierto tu pobre gominola. Así mismo te entusiasmó la Lubina que se tragó el walking the dog la semana anterior, cuando dijiste la famosa frase aquella, y es cierto que si llevas un poco sin tener picadas en superficie, al volver a retomar el asunto te quedas plasmado por aquella fulguración  de energía y rabia que revienta el agua y hace desaparecer el señuelo en un remolino. Y no podemos olvidar los señuelos que vibran mucho, como spinnerbaits, chatters o el Lover; parecen tener vida propia y ya solo recuperándolos estás disfrutando, a la espera del ataque.

Me siento voluble e infiel, tengo amores que duran menos que una copula de un león y que abandono por el resplandor de una cucharilla o el perfume de un cangrejo deshuesado. Pero luego vuelvo, los retomo y descubro una y otra vez sus encantos con la ilusión de que cada uno de ellos me proporcionará la pesca más entretenida del planeta hasta que el ojo caiga en un nuevo juguete que se asoma y me pone carita de corderito. Son amores momentáneos que duran una vida, supongo que se trata del arte de la pesca con señuelos, que por esto engancha más que un triple del 8/0. 🙂

RA Shad de 2 pulgadas montada con cabeza TRock (jig head todavía no disponible)

Todo llega para los que saben esperar y finalmente la RA Shad de 2 pulgadas (5cm) está disponible juntos con el nuevo modelo de 4.5" (11.25cm) y el de 3" (7.5 cm) que ya conocemos y que muchos han probado para el Light Rockfishing y con mucho éxito. Curioso que se haya llegado a usar este último cuando en realidad parecía demasiado grande para la modalidad ultra light, sin embargo los resultados han sido sorprendentes con cualquier tipo de mini-bicho que no ha tenido problema en engullirlo por completo. La RA Shad sinceramente me parece una pasada de señuelo y no lo digo por ser un producto de Molix sino porque he tenido la oportunidad de probarla en varias ocasiones y me ha sorprendido por la calidad del vinilo, acción y movimiento. bastante diferente de cuanto he probado hasta ahora.

Los modelos más pequeños se suelen montar con una cabeza plomada mientras el de 4.5", ya enfocado a los depredadores de mayor porte puede ir con cabeza plomada o con anzuelos offset o wide gap con o sin plomo.