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Me dice mi amigo:” ¿Por qué no escribes algo sobre los frenos? – “¿Brembo?” – contesto yo intentando eludir una tarea que se me cae encima como un macizo de granito. ¡Los frenos de los carretes, italiano memo y senil! Vaya amigos que tengo, pues esta es una verdadera putada para un señor de cierta edad que odia las conversaciones técnicas más que un plato de espaguetis pasados de cocción. Bien, ya metido de lleno en este berenjenal me tiro a la piscina y sigo, total por la poca credibilidad que me queda...

En el crepúsculo  del popping tropical, se hablaba mucho de los frenos de los carretes. La realidad es que sigue siendo un argumento de gran moda porque todavía alimenta pasiones y desata fanatismos casi religiosos entre los aficionados, sobre todo lo de los dos bandos: Shimano y Daiwa. Curioso esto, siempre hay dos protagonistas que se reparten la torta, es el mundo de los bipolarismos: PP y PSOE (que son especialistas en repartirse tortas, pasteles y lo que tercie), Canon y Nikon, Honda y Yamaha etc. A lo nuestro ahora, que este es un jodido sito de pesca.

Entonces los frenos se medían en medios centenares de libras. Que si el Saltiga tenía 60 libras y el Stella 50, o el Accurate llegaba a algo menos pero con más suavidad y todo el meneo eso insoportable. Iba yo repartiendo consejos iluminados a la gente, y más pioneros del popping soltaban la suya, todos raptados por aquel espíritu de compañerismo que animaba a los foros de pesca del cretáceo. Riadas de tonterías y alguna que otra verdad, me hace gracia y al mismo tiempo ternura acordarme de aquello. En esta fase delirante todo el mundo se creía que tener un carrete que aguantara 50 libras de freno era estrictamente necesario porque, en un momento dato, les iban a hacer falta todas, ni una onza menos.

La realidad ha puesto a muchos en su sitio ya que, raras veces un ser humano que no sea Hulk, Schwartzenneger o Popeye, podía con más de 18 o 20 libras de apretón, algunos inclusive agarrados por el bañador y con las piernas abrazando un palo de la barandilla. Pero vamos a lo que íbamos, los frenos que nos interesan para el día a día, la pesca de andar por casa o mejor dicho por península, Baleares y Canarias incluidas. Los carretes que usamos para nuestros menesteres son más pequeños, más ligeros y por supuesto menos potentes, vamos que con 8 libras de freno pescando a spinning vamos escopetados (a jigging el asunto es diferente). Pero claro, no son libras y kilos los que nos quitan el sueño sino como se reparte la tensión, con que suavidad.

Creo que en el 2013 muchos de los carretes de las mejores marcas ofrecen aquella suavidad que vamos buscando, desde luego no los he probado todos ni habrá alguien que se pueda jactar de ello, pero conozco mis Daiwa por ejemplo, y aún sin ser de altísima gama son muy suaves así como los Shimano y algún que otra máquina de marcas menos conocidas. Lo que hace falta, en números, es una bobina que desde el momento que arranque mantenga la misma tensión. Si la hemos regulado para que entregue 6lb de freno (o 3kg que no es lo mismo) esta debería de entregar 6lb desde el primer tirón, el momento más delicado y que a veces delata el mal carácter del juguete. Obviamente te esperas que las 6lb se mantengan todo el rato, para evitar aquellos saltos de tensión que podrían llevar a la rotura del hilo o la pérdida del pez.

¿Cómo regular el freno entonces, queremos medirlo mecánicamente? Lo hice, hace ya algunos años, era en el trópico y me dio el punto pero para nuestra pesca diría que resulta prácticamente inútil, a menos de estar haciendo el figura con hilos de 2 libras. Personalmente, confío en el infalible instinto de aquel gran pescador que soy J y aguantando el trenzado con la mano izquierda (soy diestro) tiro del hilo regulando la bobina hasta que aquel calibre biológico que tengo insertado en la palma de mi arto biónico me dice “ya”. Entonces dejo de tirar y reinicio el chip para que no vuelva a aplicar esa misma medida en la siguiente regulación milimétrica que me encuentre a tener que llevar a cabo. Está todo automatizado, un injerto estilo Terminator que me hicieron en el Clínica Tecnológica de Daiwa y que aún tan perfecto tiene sus limitaciones en cuanto no me permite regular con análoga exactitud carretes de otras marcas, ya sabéis, pataletas de la industria.

Hay “pirsonas” que regulan el freno una vez pasado el hilo por las anillas y finalmente tirando con la caña que va haciendo un arco, como ocurriría en un combate real, pero el injerto que tengo puesto es una versión 1.0 y no puedo actualizarlo porque incompatible con los siguientes, así que me he quedado en la manualidad más básica, que de todas maneras parece funcionar. Por cierto, la presión que establezco está relacionada con las especies que es más probable que me toque lidiar, me explico mejor. Si voy a por Anjovas o Bonitos quiero que el freno esté suficientemente apretado como para evitar que patine al momento de la clavada, perdería mucha potencia de penetración y probablemente se me soltaría el pez. Con las Lubinas este problema es mucho menor así como en el rockfishing, cuando estamos jugando con hilos tan finos. Vuelve a ser necesario controlarlo pescando a jigging, porque sabemos que en la mayoría de los casos vamos a clavar con mucho hilo fuera y abundancia de agua en el medio.

En fin, todo eso, como habéis podido comprobar, de técnico tiene lo justo. Son más bien cuentos chinos de un menda que hace muchas de las cosas relacionadas con la pesca de manera instintiva y sin estar viendo números y modas. Así, ingenuamente, me manejo yo con el pomo que está encima de la bobina. Tenemos un buen rollete de todas formas, no recuerdo haber roto muchos hilos en los últimos años.

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Tenemos ya bastante radicales por el mundo que no nos hace falta ni uno más, o eso creo, por esta razón me gustaría volver por un momento a abrir el debate sobre la captura y suelta, un tema que dimos por zancado hace un tiempo y del que no se ha vuelto mucho a hablar. Hace ya muchos años me presentaba en los foros llevando el estandarte de la captura y suelta en el mar; recibía mi buena dosis de abucheos y tiraba p'alante, como si la cosa no fuera conmigo. Era un radical, o por lo menos actuaba como tal porque, a mi manera de ver las cosas, en ese momento hacía falta. La cultura de la captura y suelta no estaba ni desarrollada ni mucho menos presente en la mentalidad general, y pensaba que a lo mejor hacía falta subir un poco más el volumen, para que se me oyera mejor. Era una batalla que quería librar si o si, e intentaba poner semillas allí donde podía, con la ayuda de unos pocos cruzados, que apoyaban el "movimiento".

Casi quince años después las cosas han cambiado, muchos en algunos casos y poco o nada en otros. Dejamos de lado los que no solo no han querido cambiar el chip sino que todas las veces que han podido han vendido el pescado, superado los cupos máximos de captura y alardeado de su insuperable ignorancia y falta de civismo, para esta gente no hay nada que se pueda hacer. Vamos a lo bueno, a la botella media llena y nos centramos en todas esas personas que se han dejado atrás las escabechinas de la edad media y aquellos que desde sus comienzos, se han dedicado solo a la pesca con cebos artificiales y han devuelto el pescado al agua con cuidado.

También aquí hay algún que otro radical, conozco algunos que ya no se atreven a matar ni una mosca, y que cuando se le muere un pez casi le hacen un funeral y se ponen de luto. Tampoco es así y os cuento porque pienso que hay que moderarse. Mi frustración más grande, teniendo en casa dos fieras que adoran el pescado y que por lo menos tres veces por semana lo piden a gritos, es que nunca lo que pueda preparar en la sartén o en el horno es de mi cosecha. Creo que hay pocas cosas tan bonitas como compartir con tu familia o con unos amigos en una buena cena, algo que tu mismo hayas engañado, peleado, capturado y hasta limpiado y cocinado. Osea, lo que por vivir tan lejos del mar, nunca he podido hacer. Esto significa que si un día tienes la suerte de pescar ocho Llampugas, que devuelvas siete y te quedes con una para la cena, no tienes porque sentirte culpable o que de alguna manera estás afectando al medio marino o desequilibrando el ecosistema. Simplemente has actuado como tus ancestros, pescadores o recolectores, que vivían de lo que eran capaces de atrapar o cultivar con sus callosas manos.

Dicho esto, sigo disparando a ráfaga contra los esquilmadores que nada dejan con vida con la escusa de que si hay que hacer un favor al vecino, a un amigo o al portero, y que matan todo lo que sube a bordo, como si mañana se acabara el mundo o el arcón no estuviese al 100%, que por esto me ha costado 500 pavos. Llevarse algo para la cena=bien. Llevarse todo para la vana gloria=mal. No busquemos escusas, no nos hace falta matar todo por compromisos con terceros, son mezquinas escusas que se caen por su mismo peso; esta gente mata todo para dar de comer a su ego y su egoísmo, y luego se queja que ya la pesca no es como antaño...

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Exactamente lo que no hay que hacer con un tiburón

Pescar en principio no debería de ser un deporte peligroso, sin embargo de no seguir algunas reglas básicas o usar el sentido común puede tener consecuencias graves o muy graves. En la foto adjunta un claro ejemplo que NO debemos seguir. Nunca. Jamás. Never. Mai. Rien. Aquí hay dos opciones

A) El bicho ha sido matado

B) El bicho está vivo.

A) En el primer caso, siento decirlo, pero es una vergüenza. Es un ejemplar joven de tiburón zorro, una preciosidad de animal y además que pertenece a una familia que más que ninguna en este momento sufre por una sobre explotación a nivel mundial, bien por la iel bien y sobre todo por las aletas. No se matan los tiburones, mucho menos para hacerse una foto con ellos.

B) En el segundo caso, ese señor, no solamente está jugando con su incolumidad, sino con la de TODOS los tripulantes del barco, nadie excluido. En primer lugar ha sido peligroso subir a bordo el tiburón, bien por el marinero o bien por quien lo haya hecho por el. En segundo lugar, esos animales tienen una fuerza que no es normal, y una vez embarcados pueden empezar una batalla campal a golpes de cola y mordiscos que es difícil sino imposible de controlar.

Sin levantar el animal del agua, lo acercamos a la borda para soltarlo. Esto es lo correcto

El comportamiento correcto es el de acercar el animal al barco después de haberle cansado lo máximo posible, y quitarle el anzuelo SIN sacarlo de su elemento. El skipper aquí se ayuda con un cuchillo para cortar superficialmente un poco de piel y poderlo liberar, ya que el anzuelo está clavado por fuera de la boca.

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