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Había visto este documental hace ya mucho tiempo en la televisión y me impactó. A parte la belleza intrínseca del mismo, ver esa masa impresionante de mis peces favoritos despertó el animal pescador y desde entonces sigo soñando con irme a Belice para pescarlas. En realidad ya estuve en el país centroamericano, pero por el viento nunca pude salir de la barrera y los únicos pargos que toqué fueron unos Criollos y Jocú en la barrera interior. Al estar esa costa expuesta a los vientos del norte y del oeste, se levanta mucha ola que impide salir afuera con las pangas que suele usar los lodges locales. En fin, disfrutadlo y soñar con ellas, o docenas de ellas que suben al popper 🙂

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Un comentario de Miguel Ángel de hace unas semanas me ha ofrecido la inspiración para otro bodrio titánico que una vez más dejará desconcertados aquellos que por primera vez se topan con esta página, la pesca nocturna. Falta no hace decir que se trata siempre de algunas de nuestras técnicas ya que todavía no me he fundido el cerebro hasta el punto de ponerme a hablar de surfcasting. Hay un par de preguntas que repentinamente pasan por aquel angosto espacio que separa mis orejas, dudas de alto contenido intelectual, como acostumbra este virtuoso espacio Web.

La primera interpelación va rauda al grano: “¿Es la pesca nocturna más efectiva que la de a pleno sol?” A esta sigue otra que de alguna manera amplia la anterior, ¿Se pueden practicar todas las técnicas con señuelos por la noche? Es decir, jigging, spinning, Kabura etc., ¿o hay algo que definitivamente queda excluido del abanico de posibilidades? Aunque parezcan dos preguntas solo es una, sino me lío que ya no tiene uno edad para tanto mareo.

La segunda - ¡ahora viene, tened paciencia hijos! - escarba un poco más en la psique de cada pescador, se inserta en los meandros del cerebro y va a buscar gnosis escondidas en el subconsciente más tupido. Ni siquiera el señor Freud en persona hubiese podido sacar de la chistera semejante interrogación, de las que con mucha modestia he de reconocer que pasaran a la historia de la literatura y psicología del pescador…. ¿Os gusta pescar de noche?

No me digáis que no os habéis quedado boquiabiertos por una docena de minutos sin saber qué hacer para volver a cobrar aliento y vuestra posición en este planeta. En fin, no sé cómo se me ocurren ciertas ideas pero lo juro que hay algo en mi naturaleza que hace que salgan solas, sin tener que esforzarme demasiado; un don chicos, tengo un don… 🙂

A este servidor pescar de noche se le antoja algo poco digerible, el hecho de no ver un pepino ni poder apreciar adonde lanzar y mucho menos poder seguir el ataque de un pez me deja un poco frío. Pero, siempre hay un pero, tengo que confesar que hubo algunas ocasiones en las que la obscuridad poco me molestó, al revés me brindó unos momentos inolvidables, y ahora parte el inevitable cuento del abuelito.

En compañía de George, un bajito skipper Gabonés, una tarde decidimos alargar el día hasta el último momento para ver que podíamos sacar una vez que el sol se había dejado llevar por el Atlántico. Estuvimos pescando todo el día dentro de la laguna y ahora teníamos a nuestra disposición unas largas orillas cubiertas de manglares que parecían muy seductoras. Mi pequeño amigo se puso manos a la obra y colocado el barco a distancia prudencial pudo ver que la corriente nos dejaba caer paralelos al manglar. Dicho y hecho remontó hasta el punto más arriba y empezamos la faena.

Lanzaba prácticamente a ciegas, me guiaban las sombras de las plantas que iban desapareciendo mezclándose con la noche y una vez perdida la referencia seguí acertando los lances siguiendo algún tipo de instinto o contando el tiempo que pasaba desde el momento en que el popper salía disparado. Solo se oían los ruidos de los animales de la foresta alrededor nuestro, algo estremecedor, y el chapucear del Roosta pero duraba poco porque casi en cada lance explotaba el agua y otra Cubera empleaba sus trucos para llevarme al agujero. Se me polen los pelos de punta solo en recordarlo.

Asimismo en las últimas escapadas en el Estrecho he tenido la oportunidad de estirar el día al máximo, encontrándome solo con Paquito en un tintero surcado por cruceros y mercantes que parecían salidos de Jurassic Park. La verdad es que tampoco estuvo mal, no había viento ni oleajes y poder disfrutar solitos de aquel silencio  me pareció un gran privilegio que me permití disfrutar en su totalidad y encima sacando algún que otro pez. Las Viridiensis no se retiran una vez ahogado el sol, sino que salen a buscar guerra y pegan bocados a los popper como si se tratase de solomillos en un asador. Precioso.

Hasta aquí hemos llegado criaturas, yo ya me callo y vuelvo a mi punto de cruz, si alguien tiene algo que añadir lo diga ahora o se calle para siempre

Después de una semana en aquel paraíso terrenal que son los Jardines de la Reina en Cuba, hemos regresado a la realidad. Menos mal que está Madrid vacía, por lo menos no nos comemos todos los atascos y la contaminación de siempre.

Que os voy a contar que no sepáis, cada vez que vuelvo de los Jardines me pongo melancólico, sin duda es uno de mis lugares favoritos en este planeta y si las Cuberas colaboran, al dejarlos hasta me sale la lagrimita. Esta semana de Cuberas ha habido muchas, más de la que jamás haya podido ver juntas en unas semana de pesca . Entre los cuatro levantamos por lo menos 50 peces, si no alguno más, y si a esto añadimos que los meros estaban frenéticos para entrar a un señuelo de superficie, ya os podéis imaginar lo que puede haber sido.

Voy editando las fotos y pronto pondré alguna con un report completito.

He vuelto de Costa Rica desde hace unas 40 horas. En realidad ni tengo tiempo de hacer un report en condiciones porque en dos días me voy de nuevo pero quería dejar una notita, para los más curiosos. el viaje, en cuanto a la pesca se refiere, ha ido francamente mal. Por lo menos a spinning y jigging ya que con carnada, los que han probado, han hecho una masacre (es un decir). Hemos sacado alguna Cubera, un bonito Mero y algún que otro Jurel, además de un Vela y algún gallo, pero pocos peces y muy trabajados.

Los bichos no estaban por la labor. Así de fácil. Y nosotros además nos hemos equivocado saliendo al Vela cuando había buena pesca de tierra y viceversa. En fin, una verdadera pena porque el sitio no tiene un ero. Costa Rica es un país maravilloso, tranquilo, seguro, con una naturaleza impresionante y una gran cantidad de especies para poder pescar con las técnicas que nos gustan. Pero así van las cosas y lo único que nos queda es ganas de volver, en un momento mejor pero con la misma gente, Christian y su mujer Clarisa, personas encantadoras donde las haya, que nos han brindado un trato inmejorable.

Lo que hemos podido hacer es probar varias cosas de las que hemos estado comentando últimamente: anzuelos sencillos, wind on leaders etc. Volveremos a hablar de ellos porque viaje tras viaje se va a cumulando experiencia

Crazy Alberto con una Cubera que sacó aquel día

Me hace mucha gracia ver ahora este vídeo que hicimos con Mike Laptew en Costa Rica. Se grabó hace cinco años, en un viaje donde coincidimos con la gente de Lamiglas y Crazy Alberto, un amigo de Nueva York, excelente pescador. En esas sesiones de jigging reventé dos anzuelos Mustad, los 10827BLN "Live Bait" que eran los que utilizábamos en aquel momento, uno abierto y el otro con la punta rota. Saqué algunas serviolas y varios jureles pero mucho me temo que podría haber tenido mucho más éxito jiggeando como hacemos ahora, con la caña debajo del brazo y en short jerks. De hecho, se puede apreciar que las picadas llegan cuando hay un momento de parón en el "corre corre".

En fin, se estaba aprendiendo, y jugando a los machotes al mismo tiempo. Desde luego que ahora no podría aguantar ese ritmo endemoniado ni por 10 minutos, ni falta hace. Me reía de la cofradía del besuguito que huye, Guille, Mario y los demás compi, pero cuanta razón tenían

Allá va, para los que al final aprenden de los errores...

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