Lubinas a spinning desde costa.

Parece mentira, pero todavía me acuerdo de mi primeras lubinas a spinning desde costa. Corría el año…bueno un año, hace ya bastante de ellos, quizás muchos de los que estén leyendo este artículo ni habían nacido, y un servidor, feliz de haber llegado a España iba a estrenar la pesca en la Isla Graciosa, en el archipiélago Chinijo, todavía terreno relativamente virgen y con una presión de pesca por aquel entonces limitada. Trastornado, decidí compartir muy poco spinning con curricán de altura, buscando wahoo y serviolas con pez vivo. Por aquello de mi segunda visita, en una esquina de Montaña Clara, cuando todavía estaba permitido pescar, una hermosa lubina decidió desafiar las leyes de la naturaleza y engullir, enterita, una boga viva que íbamos remolcando. Es posible que en ese momento a un servidor se le encendiese una bombilla, si es que todavía había neuronas vivas.

A la vuelta al apartamento preparé mi equipo de spinning y sin tiempo mediar me acerqué a la playa al lado del puerto. Dos dedos de agua, mar rizada por el viento y un hombre de nacionalidad italiana a medio remojo, con una antigua Browning de hasta 28 gramos, Penn 4000 y monofilamento de 12 libras. ¿Trenzado? ¿Eso que es lo que es? N’idea chicos, en esas eras geológicas así pescaba uno, con un hilo como una cuerda de colgar la colada y un Crystal Minnow de 13cm. El primer contacto con algo vivo fue con una anjova de unos 50/75 gramos, vamos, un micro depredador con más hambre que un león encerrado en un invernadero. Me pareció gracioso, en fin, le dejé irse con la promesa de volvernos a ver cuándo hubiese llegado a la mayor edad, y seguí lanzando.

Pensando en mis cosas, normalmente chicas o algo del trabajo que me había dejado en Madrid, iba haciendo tiempo a la espera de cenar en el club que era un momento muy esperado del día porque se comía de muerte. Y entre lance y otro, de repente el parón en seco. Porelamordediosqueleñazo. Ahora nos hace sonreír, pero en aquel entonces pocos de los isleños sabían que significaba pescar lubinas a spinning desde costa, ya que dicha técnica, como el maestro Yoda diría, poco conocida era. Pim pam, pim pam y otra vez pim pam, entre el freno del Penn y un poco de sentido común el bicho llegó a la orilla, y por mi increíble sorpresa ahí tenía mi primera lubina a spinning desde costa, ¡y que lubina! Le calculé unos tres kilos, pero es posible que fuese algo más liviana, y sin hesitar la llevé a puerto seguro y enseguida al club náutico para que aquella gente la transformase en deliciosa cena para los huéspedes. Digamos que por un momento se me olvidó lo de la captura y suelta, cosas de la euforia.

Lubinas a spinning desde costa

Sin saberlo ya estaba vendido, el gusanillo, la fiebre, el mono de la pesca de la lubina a spinning desde costa estaba sembrado, en pocos instantes me había invadido y no existía antídoto para sujetar semejante avalancha de trastornos. Lo del curricán enseguida pasó a la historia y el resto de mi semana y del resto de mi vida, y del resto de mis ahorros acabaron despilfarrados en las tiendas especializadas de aquel siglo hasta finalmente tener mi propria, para poder contar con todos los juguetes que me gustasen. Lo gracioso es que ahora nos ponemos muy finos, si es que la caña tiene que ser muy sensible, si el carrete va a ser rápido y los señuelos de las marcas más raras que hay en el planeta, pero entonces un servidor a unos Yo-Zuri, que ahora ni tengo en la tienda, les sacaba un partido que no veas.

La realidad es que antaño la pesca de lubina a spinning desde costa era otra cosa. Recuerdo un pescador francés que hizo una captura récord usando una zanahoria como popper, y lo que trillaba el Crystal Minnow, señuelo menos lanzador que un palito de balsa, pero muy efectivo para peces – digamos – cercanos a la costa. Ese mismo minnow me regaló una lubina de peso similar justamente al lado de San Sebastián, en la zona más abaleada de la bahía, con marea creciente y un atardecer que dejaba sordos. Y también sacaba jureles, tarpones y sargos en Los Jardines de la Reina en Cuba, e inclusive me enseñó que aquellos depredadores atacaban en superficie, una vez que se quedó enredado y empecé a recuperarlo a ras de agua a mil por horas. Ríete tu ahora, pero en esos años ni el tato sabía como se pescaba en el jodío trópico y la pesca en superficie en el mar era asunto de pocos “iluminati”. Fíjate que para sacar mi primera loba con un Surface Cruiser tuve que ir a por striped bass en Massachussets y aprender de aquello.

Lubinas a Spinning desde costa

Ahora estamos en la máxima difusión de la información, hay testimonios por doquier, cada cual tiene su blog, un canal en YouTube o el maremágnum de Facebook o Instagram, y yo hablando de tiempos en los que las revistas todavía llevaban el cotarro, y los fórums ni se habían asomado. Si quieres aprender a pescar lubina desde costa tienes el mundo a tus pies, con unas 72 horas de dedicación te pones en plan tercer dan de aquello y ya estás enseñando al mundo como se hace. Es un periquete, pero una vez de morros con las olas, lejos del teclado, la realidad te devuelve a tu dimensión y de nuevo detrás de la pizarra con el gorro puntiagudo y las orejas de burro. Oiga, que esto no es moco de pavo, vamos que es territorio comanche, y por cuanta suertes puedas tener llegará un momento en el que habrá que joderse y volver a tomar apuntes. Pues eso, la pesca de las lubinas a spinning desde costa no se aprende en un día o dos, es como un maratón, pero de aquellos a la Forrest Gump, que no tienen fin.

Nicola Zingarelli

Pesca de los sargos y doradas a spinning, el Kurodai Mediterráneo.

Digamos la verdad, antes no se hablaba mucho de ello, inclusive en los foros de pesca o en las revistas la pesca de los sargos y doradas a spinning no tenia mayor relevancia. La razón de ello la podemos encontrar quizás en la falta de empeño por parte de los pescadores en buscar peces de menor talla o de mirar a algunas alternativas a lubinas, anjovas y los depredadores más clásicos. No nos olvidemos que le llegada del rockfishing ha sido tardía, y muy probablemente sea la que haya de alguna manera destapado la caja de pandora de le pesca de los espáridos, el kurodai de casa nuestra, igualmente un poco tarde.

Pesca de los sargos y doradas a spinningEn el pleistoceno, nadie se dedicaba de manera sistemática a la pesca de los sargos y doradas a spinning, seguramente a más de uno le haya entrado uno de estos peces mientras buscaba otra cosa, pero de ahí a decir que se dedicaba a ello hay un trecho. Eran las famosas capturas ocasionales, unos caprichos creíamos: “Y este quien se ha creído que es?” y amenidades varias. Hablando con Berk G.Ipek, un excelente pescador turco, me comenta que en su país todavía los espáridos representan capturas ocasionales, siendo las obladas las que los pescadores locales consiguen sacar con más frecuencia. La introducción de cebo “pseudo artificial” tipo los de Marukyu ha permitido un mayor número de capturas, pero en este caso tanto el como yo diríamos que no estamos hablando exactamente de pesca con señuelo, por lo tanto, no lo tendremos muy en cuenta. Volviendo a nosotros, y aquí entran en juego los recuerdos, fue justamente empezar a utilizar señuelos más pequeños, y equipos más sensibles que las capturas empezaron a llegar, y ya no de manera intermitente, por casualidad, sino que se les iba a buscar, y con creciente ganas.

Pesca de los sargos y doradas a spinningPara mí, lo de las doradas fue un descubrimiento, jamás me olvidaré la primera que me entró a un Piper color #11 Black Gold, récord de venta en España, y con razón. Estábamos en el Delta del Ebro, pescando en aguas muy turbias, recuerdo perfectamente este detalle porque prácticamente veíamos el señuelo solo al momento de sacarlo del agua. En un lance, después de haber tenido un toque anteriormente, me entró un pez que desde luego no peleaba como una lubina, y que efectivamente resultó ser una dorada. Muchos Piper han caído después de aquel día, y después de un tiempo empezamos no solo a descubrir que había otros señuelos igual de efectivo, sino que además entraban con ganas a señuelos de superficie, con los Gunfish que fueron entre los primeros que se utilizaban, luego alcanzados por otros más. Sam Bosch de Lured Fishing me sugiere una razón muy importante que ha llevado la pesca de la dorada a spinning a ser una técnica más concreta y con más posibilidades de éxito, localizar los ambientes adecuados. Sam comenta que tanto en Menorca, donde él vive, cuanto en el Delta del Ebro, las dorada se pescan en sitios de poca y constante profundidad con fondos de arena y fango y con la misma tipología de algas. Según el, a pesar de tener doradas por muchos tramos de la costa de la isla, o de la misma península, para pescarlas a spinning hay que dar con esa tecla, localizar la zona apropiada. Aún así, ambos creemos que haya sido determinante reducir potencia y tamaño de equipos y señuelos, porque antes, en esa mismas zonas, pescando con artificiales demasiado grandes, las doradas no aparecían. Lo mismo opina Marc Fernández, al que he preguntado si según el habían cambiado de costumbre los peces o si habíamos sido nosotros. El opina que hace unos seis o siete años no había mucho donde elegir para señuelos de 4, 5, 6 o 7 centímetros, y ahora hay una gran disponibilidad, así como de cañas más específicas. Según Marc, las costumbres de los peces no han cambiado, dice que si pudiéramos teletransportarnos al Delta del Ebro hace treinta años atrás y tuviéramos un Pugachev o un Fakie Dog y una caña adecuada seguramente sacaríamos doradas, inclusive más cantidad y más grandes, gracias a la inferior presión de pesca.

Con algún que otro sargo me había topado en circunstancias mixtas, jamás buscándolos y encima con señuelos que podríamos definir demasiado grandes para ellos. Es curioso porque mi recurrido por la pesca a spinning en el mar pasó por La Graciosa en los años buenos, que es un lugar absolutamente estelar para esos simpáticos pececitos, y no obstante haya peinado sin descanso las orillas de la isla pescando con señuelos, no me parece haber sacado ninguno. Hablando con Gemán Sabuco, comercial de Bocarde y pescador talentoso y muy atento a todas las nuevas tendencias de la pesca, me dice que, de pequeño, pescando con cucharillas o anguilón, alguna dorada si que sacaba, pero los sargos ni imaginaba que pudieran llegar a morder un artificial.

Pesca de los sargos y doradas a spinningFue finalmente en el Estrecho que definitivamente descubrí que la pesca de los sargos a spinning era un hecho concreto. En mis aventuras con Paquito, entre las estructuras del puerto y algunas zonas de roca empezaron a aparecer sargos, hasta podernos dedicar a ellos de propósito, sin tener dudas sobre que señuelos utilizar y llegando a afinar la técnica entre salida y otra. Esa creo que fue, por lo menos para mí, la experiencia definitiva y una vez más la tendencia derivó del uso de material más ligero, rockfishing o light spinning. Sin embargo, hablando con pescadores del norte, o noroeste de la península, como Ivan “Lagoa”, descubro que, por las circunstancias que sean, en su zona del Atlántico, las doradas son totalmente ausentes de cualquier percha de pescadores de spinning, y los sargos siguen siendo captura casual. Las causas podrían ser distintas. Abundancia de comida, aguas más frías, y quizás una búsqueda menos dedicada, vista la presencia de lubinas que se lleva la mayoría de la atención de los pescadores locales, pero esta última es una sensación mía y no sé si es cierto. Lo que está claro es que la pesca de los sargos y doradas a spinning no recibe el mismo empuje en toda España, sino que depende de la zona. Sobre todo, la dorada es la que resulta más difícil de perseguir, una vez más por la peculiaridad del territorio en el cual se vuelve más agresiva y decidida en atacar los señuelos.

Pesca de los sargos y doradas a spinningDesde luego por aquí no me voy a meter en berenjenales muy técnicos, esta es más bien una charla sobre las que podríamos definir “otras oportunidades” de pesca a spinning por la costa del País. Aún así habrá que compartir algo de información más específicas para aquellos pescadores que todavía en ayuno de sargos y doradas a spinning puedan hacerse una idea y, por lo menos, intentarlo. Sin querer entrar en lo específico de los equipos de Kurodai, así se nomina esta técnica en Japón, es importante elegir cañas ligeras, que nos permitan lanzar señuelos pequeños, y sobre todo para que dispongamos de aquella sensibilidad necesaria para intuir las picada tan sutiles que a veces estos bichos nos reservan. Si os apetece dar un rulo por la tienda entre los equipos específicos encontraréis muchos modelos válidos, digamos que con equipos de hasta 10 o 15 gramos tenemos suficiente, hay pescadores que prefieren cañas rápidas, otros, como un servidor, en este caso favorecen la suavidad de una caña más regular y progresiva. Es un poco cuestión de gustos y también de que señuelos usamos, digamos que podría ser una mezcla entre ambas cosas y no nos liamos más. Carretes pequeño, está claro, un Daiwa tamaño 2000 o 2500 es más que suficiente y lo cargamos con trenzado de unas 6 hasta 10 libras, dependiendo un poco de la zona donde pescaremos y si existe la posibilidad de encontrar más depredadores y de más talla. La elección del bajo puede variar, yo suelo ir con algo más grueso, pero muchos usan bajos de 0,20mm y se quedan tan panchos, está claro que si se decide usar un bajo tan fino es imperativo revisarlo con frecuencia onde evitar desagradables roturas. En cuanto a los señuelos empecemos diciendo que la medida debería de estar dentro de los 7 u 8 centímetros, aunque hay doradas que han caído con paseantes de 9cm. Lo que veo que ofrece mejor resultados son paseantes de 6/7cm, stickbaits de medidas parecidas, jerkbait suspendidos, que sin duda son los que mejor potencial tienen y vinilos o bien sin plomar, en caída suave, o con algo de lastre para peinar paredes, zonas de roca o simplemente para lanzar más lejos, que a menudo resulta necesario. Entre mis favoritos para la pesca de sargos y doradas a spinning meto los vibrátiles que me han dado muchos sargos, y también alguna dorada, aunque para estas últimas, la escasa profundidad en la que se suelen pescar es una desventaja a la hora de usar señuelos más pesados. Los sargos, por lo menos en mi experiencia personal, son más propensos en atacar señuelos que navegan por debajo de la superficie y que tengan una caída interesante, probablemente por el entorno en el que se nutren, sin embargo, las doradas, cuando las cacemos en poca agua, suelen atacar los señuelos de superficie con gusto, y además tienen una manera muy peculiar de hacerlo.

No se si hemos aportado algo más a la pesca de sargos y doradas a spinning en nuestras aguas, por lo menos espero que si alguien todavía estaba un poco verde sobre el tema se haya hecho un mejor idea o le haya entrado el gusanillo de probar. A un servidor les encantan ambos espáridos y a veces me hace más ilusión sacar un pequeñajo de estos que de lubina u otra especie de depredadores, porque hay que tenerlo muy claro, ambos son depredadores puros y duros, y además oportunistas 100% listos para embucharse cualquier manjar la mar les ofrezca.

Nicola Zingarelli

El viernes fui a acostarme convencido que el sábado no habría ido a pescar, la escusa esa del cansancio y del calor, sin embargo, el sábado, aún despertándome un poco tarde, me entró el antojo. Hice una rápida investigación con un amigo para saber si en un pantano que el conoce mejor que yo había visto carpas orilladas, y al descubrir que la cosa estaba fatal empecé a complotar un plan alternativo y aún sin tener exactamente claro adonde habría ido a parar me meto en el coche.

Tras una rápida consultación con otro amigo descubro el camino para llegar a un sitio nuevo donde se habían visto y pescado carpas gordas orilladas. Recibida la info, rellenado el camel bag y adquirida la barra de pan y el fuet de turno, aún consciente de la penosa situación en la que revierten los pantanos con la sequía, por aquello de las 11:30 estoy conduciendo ya hacía la orilla prometida dando buena cuenta de la pitanza, así, como un Neanderthal cualquiera.

Acierto el camino, desde luego con indicaciones tan precisas hubiese sido complicado fallar y llego a divisar el azul. Hay agua, es prometedor, es decir, la orilla existe, y veo zonas para pescar, p’allá que voy. Para la ocasión había decidido de ponerme un poco brutote, Nuovo Tiro 762M hasta 28 gramos, trenzado de 20 libras y un bajo robustete, vamos que no me iba a espantar ninguna carpa.

Empiezo mi periplo por la orilla y después de unos 100 metros veo la primera sombra. Iba a tiro hecho, como señuelo tenía puesto el infalible Nano Jig, el de 3.5g, os lo comento para que entendáis lo que puede lanzar esa caña, y volaba a 15 o 20 metros sin rechistar. Me da tiempo hacer dos lances, pero no hay amor, la gorrina, porque de gorrina se trataba, se de la vuelta y con tranquilidad se aleja. En los siguientes tres o cuatrocientos metros consigo ver más carpas y dos de ellas se tiran al señuelo como si no hubiesen comido en dos años, ambas fallan, una engulle y escupe en un segundo y otra no atina. Más que fracasos consideré esos ataques fallidos como un aperitivo a lo que luego vendría, y no me equivocaba. Al llegar a una playa somera con mucha alga las carpas se multiplican y tengo más oportunidades de lanzar que en todo lo que había recurrido anteriormente. La primera es un animal de porte indescifrable, le veo perfectamente el lomo y su longitud, no se lo que podría pesar, pero sí sé que persiguió el Jig por lo menos dos o tres metros, desarrollando distintos ataques sin dejarme en ningún momento la posibilidad de clavar. Se va, y con ella mi corazón.

Carpas y hombres, felices de ser tan simplesAl segundo aparece otra, más pequeña pero menos desconfiada y engulle el señuelo. He de decir que, en ese tramo de algas, digamos que tenía unos 100 o 150 metros de extensión, he clavado y peleado 5 carpas, pudiendo sacar 4 de ellas. En tres ocasiones el anzuelo se abrió, pero aguantó, en la cuarta, con la carpa más gorda, finalmente cedió del todo y lo recuperé recto como una aguja. El problema consistía en que los peces se tiraban directamente a las algas y en todas las ocasiones tenía un manojo de hierbas más o menos consistente colgando del trenzado y el pez que podía hacer la mitad del esfuerzo y conseguir el mismo resultado, ponerme a mi bajo presión. Siempre tuve que acercarme a las hierbas y quitarlas con la mano para volver a conectar con la carpa, y poder recuperar algo de hilo. Así se destroza cualquier anzuelo, creedme.

Según iba bajando el sol las carpas empezaron a brillar por su ausencia, había bandos pequeños de tamaño reducido regocijando en el lodo, pero totalmente desinteresadas en mi ofrenda, hasta que pude dar con dos solitarias que ambas se tiraron a por el señuelo y una de ellas pude clavarla, pelearla y sacarla. Los otros tropecientos metros de orilla que me tragué fueron absolutamente inútiles, no vi peces, solo me reventé la planta de los pies, menos mal que al regresar se me ocurrió tomar un camino que redujo mi paseo a la mitad y en llano, sino o me hubiese quedado tan buen recuerdo de mi día.
Acabé en un pueblo, tomando una cerveza y una ración de algo que no tiene importancia, feliz como un niño pequeño, orgulloso de mi ser, hombre simple, que disfruta con poco pero esto ni hace falta decirlo me entendéis todos perfectamente.

De vez en cuando a uno le entra la locura y se enamora. A un servidor, hace unos años le entró la fiebre del triggerfish, y eso que, oigan, tampoco es ningún monstruo.

La fiebre del TriggerfishEl problema es que tiene aquel, ese encanto especial...Ya sabéis, lo de la pesca a vista con los cataplines a remojo.Se abandona uno por un bajío, olvidado por los dioses y los hombres y se pasa el día pisando arena y buscando manchas negras, negras como el carbón. El Mar Rojo tiene esa peculiaridad, que hay tantas especies que nunca se te hace el día aburrido. Si no aparece una, se asoma otra, y en medio te llevas más de un susto. Una aleta triangular con las puntas negras que cruza el arrecife y empieza a husmear tus botines de neopreno, un GT que te sorprende con una caña a la que le faltan por lo menos 150 gramos de potencia para atreverte a lanzarle, o un permit así de grande, y así de sospechoso que sigue pero sin amor.

Un pez erizo, que de genio tiene lo justo, empieza a afeitar tu jig de vinilo y con esas aletas casi ridículas aguanta los tirones de la caña una vez que de aquella manera consigues pincharlo y no tienes la menor idea de come le vas a manejar para soltarlo. Pues eso, el Mar Rojo tiene sorpresas detrás de cada esquina, y se entretiene uno, paseando por los bajíos como si del Parque del Buen Retiro se tratara, pero con más silencio, y menos verde, que todo sea dicho. Si se te quita de la cabeza la caza mayor, tienes la oportunidad de ir sondeando lugares más íntimos, donde puedes manejarte solo con un poco de agua, algo para comer y dos buenas piernas que sepan machacar kilómetros de orilla, con la esperanza que el barco que te ha dejado en la solana más demoledora no se le olvide de venir a buscarte, digo, la noche por ahí no tiene que ser nada agradable.

fiebre del triggerfishPero aquello de la fiebre del Triggerfish con cañas de media onza tiene migas. No son jodíos ni na' los bichos esos. Amen de que salen disparados a la velocidad del rayo, luego pelean duro y si hay una piedra o un cualquier agujero donde se pueden colar lo hacen sin demora, así me lo aprendí yo. Un macarrilla de esos, enganchado a 7 u 8 metros de mi, estuvo peleando noblemente todo el tiempo hasta llegar debajo de mis pies y de repente meterse de canto, si eso, de canto porque recto no cabía, en una hendidura formada por una laja de piedra encima de la arena. Ni me había enterado, y la estaba pisando, distraído va uno por aquellos lares. Salió, pero el muy bravo me retó hasta el final, y luego se dejó hacer una foto o dos para el recuerdo. Y que recuerdos. Peces pequeños, calor absurdo, gastroenteritis asegurada, viaje infernal para ir y volver...plan perfecto, ¿que esperamos para volver?

La fiebre del Triggerfish tiene lo añadido de la locura, la que cada uno de nosotros, los pescadores digo, sufren en silencio. Bendita locura, y no hay psiquiátricos que la solucionen, bueno, si que hay, pero son los siete mares, los pantanos y los ríos.

Campus Caranx 2019Campus Caranx 2019.

Aquí estoy, en un día que se está apagando, buscando notas en un teclado como un músico que anhela encontrar la canción de su vida. De alguna manera en estos años siempre he tenido la oportunidad de dar vida a proyectos que de una manera u otra me han apasionado, desde que empecé a meter cabeza en este mundo de la pesca a spinning siempre he tenido la necesidad de compartir, y los que han vivido la época del foro saben de que estoy hablando. El flujo ha ido cambiando de cauce, al aparecer las redes sociales el fórum ha desaparecido pero el espíritu sigue intacto, es el nuevo tam-tam global que todos escuchan, y sufren.

Sin embargo, en estos tiempos tan mediáticos, donde todos somos amigos en Facebook, donde un like vale veinte duros y una foto el tesoro del pirata Barbanegra, se echa de menos el contacto humano, el apretón de manos, el abrazo o la mirada cómplice. Es por esto por lo que se me ocurrió volver a juntar una pandilla de locos y organizar el Campus Caranx 2019, ya que quería algo más que una simple quedada, quería seguir por la senda del compartir y organizar algo que quizás nadie había hecho antes a este nivel.

Como recuerda Gines Conesa en su post todo empezó con un WhatsApp en una fría noche de invierno, y mira hasta donde nos ha llevado. El Campus Caranx 2019 ha sido una experiencia emocionante, como siempre es la famosa “primera vez”, irrepetible y seguramente imperfecta pero no había un historial del cual poder ir aprendiendo, no había precedentes y no fueron pocos los contactos con extranjeros profesionales del sector que nos ayudaron a encontrar algo que se asemejase a una fórmula ya cotejada.

Es curioso ahora ir con la mirada atrás y repensar en esos meses de agobios y estrés para que todo saliera bien, comidos por la incertidumbre, a obscuras y sin linterna. Ya, una especie de lúcida locura, pero si no se hacen las cosas con una pizca de inconsciencia, si no se arriesga, jamás se avanza.

Si el Campus, en su reducida envergadura, ha sido un éxito o menos lo dejo decidir a los que han participado y a los colaboradores que se han dejado la piel para que saliera lo mejor posible. Un servidor está contento y por diferentes razones. Se ha demostrado que hacer algo de calidad al final paga, hay pescadores que tienen curiosidad para aprender cosas nuevas, para crecer y empaparse de nomenclaturas técnicas, explicaciones peliagudas, y aguantar el frikismo más absoluto de un puñado de verdaderos locos enamorados de esta afición.

Lo que si puedo afirmar es que en el Campus Caranx se ha vivido un clima de buen rollo que ha superado mis expectativas, la colaboración entre los ponentes ha sido cristalina, chicos que trabajan para marcas distintas reunirse para sumar fuerzas, independientemente de las lógicas de escudería y comerciales. Me ha encantado ver a esos jóvenes hombres subidos al escenario desvelando todos sus secretos aprendidos a son de vídeos japoneses, blogs y prácticas a pie de mar, conocedores de todos los rincones más obscuros de cada metodología, pequeños sensei del variado mundo del spinning en el mar.

He alucinado con el interés que ponía la gente en seguir cada ponencia del Campus Caranx 2019, devorando información como si no hubiese un mañana, aprovechando cada segundo de las elaboradas explicaciones, y al mismo tiempo disfrutando de lo lindo. He gozado como un enano con las muestras de cariño y las felicitaciones y he disfrutado de estar con algunos de mis mejores amigos que en ningún momento han dudado en ofrecerme todo su apoyo.

He conocido gente genial y aquí he de disculparme con muchos quizás por no haberles podido atender como debería, la verdad es que estaba un poco en una nube y sobre todo intentando estar en todo, entre ponencias, horarios, premios y la tienda que me ha absorbido mucho tiempo. Sorry, la próxima vez intentaré organizarme mejor. Pero que sepáis que sin vosotros no existiría ni Campus ni na’, no tendría ni sentido intentar hacer algo así.

Finalmente, aquí viene la lista de “mil gracias”, y no es corta. Preparaos que vamos p’allá.

El primero de la lista es mi viejito Gines Conesa, manda narices que sean dos tíos que suman más de cien años los que tienen que montar un tinglado de ese calibre. Gines ha sido responsable de toda la logística, se ha pegado más desplazamientos al camping que unos cientos de turistas alemanes y que ha, el solo, completado la infraestructura. Querido amigo, que lo sepas, sin ti esto no se hubiese podido hacer. Has sido mi columna, cómplice y psicólogo en estos largos meses, por lo menos te debo un par de cervezas. El segundo, sin lugar a duda, es Jorge Fernandez, un tío gruñón que se pasa la vida regañándome y que sigue sorprendiéndome por lo que tiene en el pecho, un corazón como un camión, y siempre, digo siempre, dispuesto a echarme un cable en lo que sea. Un gracias enorme le va a Pedro Mayor Villegas, que se ha enrollado como una persiana y nos ha echado un cable así de gordo. Pedro “cicciotto” Chacón ha estado a mi lado todo el tiempo, una presencia importante, y aunque a lo mejor el no lo piense, un apoyo incondicional. Un amigo, así como Macarena García Niebla, que se ha tragado todo el Campus Caranx 2019 sin tener afición por la pesca, pero por estar ahí con su marido y conmigo y además ayudar una vez bajado el telón. Muchas gracias a Fernando Martinez que me ha ayudado a conectarme con el mundo desde mi portátil y ha estado ayudándome con la tienda aprendiéndose antes que yo los precios de cada cosa y asesorando a la gente con muchos conocimientos y cariño.

Ahora llegamos a los ponentes y los colaboradores que han sido la estructura del Campus Caranx 2019 y han transformado una idea en una realidad, abriendo paso a una nueva forma de explicar la pesca, cercana, técnica, divulgativa y amena.

German Sabuko ha apoyado mi idea desde el principio, ha sido el primero en creer que esto pudiese funcionar y ha transmitido el virus a todo su equipo además de demonstrar lo bueno y gracioso que es haciendo las ponencias. Albert y Marc Fernandez me dijeron si desde el momento que les propuse la idea y han demostrado lo que valen compartiendo sus conocimientos que a pesar de su joven edad son asombrosos. Sigue en la lista de los frikies Ivan “Lagoa”, un galleguiño refunfuñón con un corazón como un tanque, no se si después de algunas copas he llegado a firmar los papeles de adopción, pero debe de haber faltado poco. Omar Gomez Medina ha embrujado a todo el mundo con sus historias ultra ultra ultra light, el ajing, el rockfishing y el fikismo más absoluto que he podido comprobar al día de hoy. He compartido mesa con Paquito y no podía ser de otra manera, es como si fuera mi hermano pequeño, con la peculiaridad de haberme enseñado más sobre el Estrecho que cualquier persona. Love you brother. Francesco Giordano ha venido desde Italia al Campus Caranx 2019 sin saber que le podía esperar, no se ve todos los días el dueño de una marca y diseñador de un señuelo de éxito como el Spotter y el C32 desplazarse con entusiasmo y cautivar a todo el mundo con montajes alucinantes y con un tal dominio de los señuelos blando de dejar a más de uno con la boca abierta. Grazie guagliò. Last but not least Sam Bosch que ha cruzado el Mediterráneo para salir de la pantalla de YouTube y personificarse en el medio de la Manga del Mar Menor, contando vis-a-vis sus vivencias sin dejar de contestar a ninguna pregunta, ni desatender a nadie. Muchas gracias a Junvi Ripoll e Guillermo León por haber creído en el Campus Caranx 2019 y haber participado activamente, atendiendo a toda persona que se haya presentado delante de su estand. A distancia les doy las gracias a Stefano Sammarchi y Vincenzo Musculo de Molix por el apoyo, los premios y los consejos. Asimismo, dar las gracias a Mar, directora del Camping Villas Caravaning, por el apoyo logístico y haber facilitado todo lo posible que este evento se realizase.

No sé si me queda alguien en la recámara, pero el cansancio empieza a hacer acto de presencia y me temo que voy a tener que dejarlo aquí, además me he extendido más de la cuenta y ya habrá más de uno que se habrá hincado una botella de vino o directamente habrá pasado a las drogas para aguantar este tostón.

¿Repetiremos? El corazón dice que sí.

Mil gracias