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Nos esperaban seis días en las mejores zonas del Pacifico Panameño, viviendo a bordo del Coral Star, un barco nodriza de casi 40 metros y pescando desde un Albermale o un Pursuit 28, que representan los eficientes barcos de la flota de pesca. El itinerario tocaba puntos calientes del golfo de Chiriquí al noroeste del país: saliendo de David se empezaba por La Seca, Isla Montosa, Isla Coiba, Isla Ladrones y el mítico banco de Hannibal, imán de Marlin y grandes pelágicos. El plan era bastante intenso, yo pescando y Mike grabando desde el barco o buceando para recoger las tomas más espectaculares y también filmar la vida de los arrecifes Panameños. En fin, un viaje de trabajo y aunque de lo más agradable del mundo, siempre de trabajo se trataba y con la responsabilidad de tener que levantar pescado y hacer capturas interesantes que por esto nos habían contratado. Llegamos
donde
estaba
fondeado
el
Coral
Star
a
la
hora
de
comer
y
ya
por
la
misma
tarde
nos
esperaba
algo
de
pesca. Los barcos salían a pescar a las 6:30 de la mañana para regresar al Coral Star a la misma hora de la tarde, y en esa primera jornada, mientras el barco nodriza se desplazaba hacía Isla Montosa donde se iba a fondear para los próximo 4 días, nosotros íbamos peinando la zona que llaman La Seca para luego salir hacía Montosa y volver a juntarnos con los demás. Era nuestro primer día de pesca y aunque tuviese mucha fe en la zona, que se reveló preciosa, el agua algo turbia nos fastidió un poco los planes. Vimos peces pero estaban bastante apáticos, levanté dos Cuberas de buen tamaño y un buen Gallo pero no se decidieron en morder al engaño y tuve que conformarme con unos Jureles Azules y algún Toro (Jack Crevalle - caranx caninus)..
Montosa nos acogió con una preciosa picada de una gran Cubera pero, falló la madera y se fue sin que nadie la llegara a molestar. En pocos minutos subió otra pieza y esta se clavó y empezó la lucha. José puso la marcha atrás (yo estaba en la proa) y la Cubera, sorprendida por la rápida reacción y la presión constante que yo aplicaba salió casi a la superficie y pude ver claramente su silueta mientras se acercaba a nosotros. Pena que estuviese mal enganchada y se soltase enseguida, mis aullidos se oyeron hasta Costa Rica...y volvimos a lanzar. Finalmente llegó mi descanso, sacaron los excitadores y los reclamos y empezamos a navegar entre los bancos que rodean Montosa en búsqueda de los Velas. El descanso duró muy poquito, en menos de 10 minutos un Vela muy agresivo embistió uno de los teasers y me puse a popa esperando el momento de lanzar. Paramos aquí por un segundo y vamos a analizar que técnicas y que equipos usábamos. Para las Cuberas y los bichos del arrecife lanzaba poppers de buen tamaño, como el Surface Bull de Yo-Zuri (20cm x 120gr), el Polaris Popper de Gibbs (16cm x 98gr) o los Rangers de 84 gramos. Para poder con ellos tengo una caña de fabricación francesa especialmente diseñada para el trópico, 2,70 con una potencia de lance hasta 150 gramos reales. Carrete Team Daiwa HIA 5000 o el nuevo Daiwa Saltiga Blast 4500, indispensables para los amantes del spinning “un poco” extremo. En bobina un trenzado de 50 libras, doblado en el último metro y con un bajo de monofilamento de 130 libras. Con el barco paralelo a la costa, nos desplazábamos lentamente colocando el artificial lo más pegado posible a las rocas. Para hacer esto teníamos que o bien acercarnos mucho o aprovechar al máximo el equipo y lanzar a unos 70 u 80 metros. Arrimar al máximo el artificial a las rocas significa adosarse a las cuevas o los escondites de los depredadores de la barrera, unos pocos metro de diferencia y una posible picada desvanece. En concreto buscábamos todos las puntas que salieran del perfil de la costa, o aquellas piedras aisladas donde el movimiento de la marea creaba fuertes corrientes que acorralaban las presas en un rincón y los depredadores alrededor. También eran cotizados los canales o pasajes que se creaban entre las mismas peñas, también en este caso la marea creaba un movimiento de corrientes que empujaba la carnada justo hacía la boca de los depredadores. Para
los
Velas
el
equipo
era
algo
más
liviano,
una
caña
Lamiglas
Travel
en
tres
tramos
con
potencia
suficiente
para
lanzar Volviendo
a
nuestro
Vela,
se
presentó
detrás
del
barco
en
buena
compañía,
Mike
vio
hasta
4
peces
en
la
estela,
todos
iluminados
como
neón
(cuando
están
excitados
se
les
iluminan
las
rayas
de
un
azul
añil
precioso)
y
listos
para
atacar
lo
que
cayera
al
agua.
Así
se
abalanzó
el
primero
sobre
mi
señuelo
y
en
cuanto
le
vi
entrar
perfectamente
por
detrás
del
este
supe
enseguida
que
no
iba
a
poderle
clavar.
En
efecto
se
soltó
al
momento
pero
atrás
había
otro
listo
para
un
siguiente
ataque
y
esta
vez
las
cosas
salieron
mejor.
El
Vela
embistió
lateralmente,
entrando
primero
con
el
pico
y
luego
mordiendo
el
chisme.
Pescando
con
artificiales
esta
es
la
única
manera
para
poder
clavarlos,
porque
cuando
se
giran
con
el
señuelo
en
la
boca
se
les
planta
el
anzuelo
en
uno
de
los
labios
y
se
enganchan.
Sin
embargo,
si
atacan
por
detrás
intentan
engullir
y
si
puede
llegar
a
funcionar
con
cebo
natural,
con
los
artificiales
es
casi
imposible,
la
muestra
sale
de
la
boca
sin
clavarse.
Las
clavadas
al
Vela
son
las
más
espectaculares
que
haya,
3,
4,
5
y
6
veces
seguidas
con
la
caña
lateral
para
poder
meter
por
lo
menos
la
punta
del
anzuelo
en
la
dura
boca.
El
amigo
salió
disparado
en
dirección
Costa
Rica
y
después
de
unas
buenas
coreografías,
se
dejó
llevar
para
el
barco.
Salimos
muy
pronto
por
la
mañana,
y
José
nos
llevó
a
una
plataforma
que
sobresalía
hasta
unos
6
o
7
metros
de
la
superficie.
Aquello
era
como
un
acuario.
Tuve
una
docena
de
picadas
en
poco
tiempo:
muchos
Jureles
de
muy
buen
tamaño
y
dos Todavía nos quedaba un día más de visita al canal y la capital, que disfrutamos muchísimo. Es una ciudad bonita donde varios trozos de historia se mezclan con los rascacielos y la parte moderna. Pero mi cabeza todavía estaba centrada en belleza del golfo de Chiriquí, de Montosa, del parque nacional de Isla Coiba y los alrededores. Quizás uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida, seguramente el más hermoso del pacífico oriental. Para mayor informaciones sobre este viaje contactar con Navarpesca: Tel 902 100760 e-mail: pesca@navarsol.com
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