La oportunidad de pescar en Panamá me la ofrecieron mis amigos Mike Laptew y Ed Huges, que me invitaron a hacer de “angler” para un video promocional que habían encargado a Mike. La ocasión era de oro, en primer lugar porque tenía muchas ganas de pescar ese rincón del Pacifico, y luego porque con Mike podíamos empezar a trabajar en un proyecto de video sobre la pesca en el trópico con señuelos de superficie.

Nos esperaban seis días en las mejores zonas del Pacifico Panameño, viviendo a bordo del Coral Star, un barco nodriza de casi 40 metros y pescando desde un Albermale o un Pursuit 28, que representan los eficientes barcos de la flota de pesca. El itinerario tocaba puntos calientes del golfo de Chiriquí al noroeste del país: saliendo de David se empezaba por La Seca, Isla Montosa, Isla Coiba, Isla Ladrones y el mítico banco de Hannibal, imán de Marlin y grandes pelágicos. El plan era bastante intenso, yo pescando y Mike grabando desde el barco o buceando para recoger las tomas más espectaculares y también filmar la vida de los arrecifes Panameños. En fin, un viaje de trabajo y aunque de lo más agradable del mundo, siempre de trabajo se trataba y con la responsabilidad de tener que levantar pescado y hacer capturas interesantes que por esto nos habían contratado.

 

Llegamos donde estaba fondeado el Coral Star a la hora de comer y ya por la misma tarde nos esperaba algo de pesca. Elegimos salir con unos de los Pursuit 2800, llevaba unas pequeñas plataformas a popa que habrían sido de gran ayuda para Mike al salir y bajar de sus inmersiones. Nuestro capitán, José, are un tipo amable pero bastante callado mientras el que hablaba por los 4 era el marinero, Chichi, que estaba como una cabra y cantidad de simpático. Les explicamos nuestros planes y parecían contentos de trabajar con esta extraña pareja italo americana, decidida a pescar solo con señuelos artificiales y además de superficie. La primera salida fue una toma de contacto con el ambiente, los bichos y la tripulación que teníamos que entrenar un poco para que se acoplara sobre todo a las exigencias de la grabación. La verdadera faena empezaba el día siguiente,  12 horas diarias de lances con un equipo pesado y poppers de 100 a 120 gramos para mi y, el equivalente en horas de grabación e inmersiones para Mike.

Los barcos salían a pescar a las 6:30 de la mañana para regresar al Coral Star a la misma hora de la tarde, y en esa primera jornada, mientras el barco nodriza se desplazaba hacía Isla Montosa donde se iba a fondear para los próximo 4 días, nosotros íbamos peinando la zona que llaman La Seca para luego salir hacía Montosa y volver a juntarnos con los demás. Era nuestro primer día de pesca y aunque tuviese mucha fe en la zona, que se reveló preciosa, el agua algo turbia nos fastidió un poco los planes. Vimos peces pero estaban bastante apáticos, levanté dos Cuberas de buen tamaño y un buen Gallo pero no se decidieron en morder al engaño y tuve que conformarme con unos Jureles Azules y algún Toro (Jack Crevalle - caranx caninus)..

 

El siguiente día empezaron las inmersiones de Mike, estábamos en Isla Montosa, aguas muy claras y abundancia de corales, rocas y peces. La estrategia era de pescar por la mañana las especies costeras y cuando subía el sol ir a caza de los Velas: esto era estupendo para mi porque me permitía usar la caña pesada y los poppers cuando todavía estaba descansado y luego poder recuperarme esperando a que apareciera un Vela detrás de los teasers.

Montosa nos acogió con una preciosa picada de una gran Cubera pero, falló la madera y se fue sin que nadie la llegara a molestar. En pocos minutos subió otra pieza y esta se clavó y empezó la lucha. José puso la marcha atrás (yo estaba en la proa) y la Cubera, sorprendida por la rápida reacción y la presión constante que yo aplicaba salió casi a la superficie y pude ver claramente su silueta mientras se acercaba a nosotros. Pena que estuviese mal enganchada y se soltase enseguida, mis aullidos se oyeron hasta Costa Rica...y volvimos a lanzar. Finalmente llegó mi descanso, sacaron los excitadores y los reclamos y empezamos a navegar entre los bancos que rodean Montosa en búsqueda de los Velas. El descanso duró muy poquito, en menos de 10 minutos un Vela muy agresivo embistió uno de los teasers y me puse a popa esperando el momento de lanzar.

 

Paramos aquí por un segundo y vamos a analizar que técnicas y que equipos usábamos. Para las Cuberas y los bichos del arrecife lanzaba poppers de buen tamaño, como el Surface Bull de Yo-Zuri (20cm x 120gr), el Polaris Popper de Gibbs (16cm x 98gr) o los Rangers de 84 gramos. Para poder con ellos tengo una caña de fabricación francesa especialmente diseñada para el trópico, 2,70 con una potencia de lance hasta 150 gramos reales. Carrete Team Daiwa HIA 5000 o el nuevo Daiwa Saltiga Blast 4500, indispensables para los amantes del spinning “un poco” extremo. En bobina un trenzado de 50 libras, doblado en el último metro y con un bajo de monofilamento de 130 libras. Con el barco paralelo a la costa, nos desplazábamos lentamente colocando el artificial lo más pegado posible a las rocas. Para hacer esto teníamos que o bien acercarnos mucho o aprovechar al máximo el equipo y lanzar a unos 70 u 80 metros. Arrimar al máximo el artificial a las rocas significa adosarse a las cuevas o los escondites de los depredadores de la barrera, unos pocos metro de diferencia y una posible picada desvanece. En concreto buscábamos todos las puntas que salieran del perfil de la costa, o aquellas piedras aisladas donde el movimiento de la marea creaba fuertes corrientes que acorralaban las presas en un rincón y los depredadores alrededor. También eran cotizados los canales o pasajes que se creaban entre las mismas peñas, también en este caso la marea creaba un movimiento de corrientes que empujaba la carnada justo hacía la boca de los depredadores.

Para los Velas el equipo era algo más liviano, una caña Lamiglas Travel en tres tramos con potencia suficiente para lanzar señuelos de 50 a 60 gramos, un carrete Daiwa Ondine 4000 cargado con trenza de 30 libras y un bajo de 80 libras para resistir a los rozamientos del pico del bicho. Como artificiales estuvimos utilizando un prototipo imitación sardina que había preparado un artesano de Rhode Island amigo de Mike, y los Rangers, señuelos cuya efectividad resulta impresionante. Un anzuelo solo y sencillo para tener un mejor agarre en la dura boca y para lastimar menos al pez. El barco va remolcando excitadores y reclamos, todos sin anzuelos, y en cuanto el Vela se acercara y empieza a atacarlos, el marinero comienza a recogerlos para acercar el bicho al barco. Sin ningún pudor o timidez los Velas se plantan a 2 metros de la popa y en cuanto el patrón ponga el barco en punto muerto (regla IGFA) se lanza el señuelo cruzando por delante de la nariz del picudo. El “teasing” es una técnica que se ha desarrollado para la pesca  a mosca y funciona maravillosamente bien para el spinning

 

Volviendo a nuestro Vela, se presentó detrás del barco en buena compañía, Mike vio hasta 4 peces en la estela, todos iluminados como neón (cuando están excitados se les iluminan las rayas de un azul añil precioso) y listos para atacar lo que cayera al agua. Así se abalanzó el primero sobre mi señuelo y en cuanto le vi entrar perfectamente por detrás del este supe enseguida que no iba a poderle clavar. En efecto se soltó al momento pero atrás había otro listo para un siguiente ataque y esta vez las cosas salieron mejor. El Vela embistió lateralmente, entrando primero con el pico y luego mordiendo el chisme. Pescando con artificiales esta es la única manera para poder clavarlos, porque cuando se giran con el señuelo en la boca se les planta el anzuelo en uno de los labios y se enganchan. Sin embargo, si atacan por detrás intentan engullir y si puede llegar a funcionar con cebo natural, con los artificiales es casi imposible, la muestra sale de la boca sin clavarse. Las clavadas al Vela son las más espectaculares que haya, 3, 4, 5 y 6 veces seguidas con la caña lateral para poder meter por lo menos la punta del anzuelo en la dura boca. El amigo salió disparado en dirección Costa Rica y después de unas buenas coreografías, se dejó llevar para el barco. Foto y suelta rápida, las cosas no podían ir mejor. Por la tarde decidimos volver hacía las rocas de Montosa, Mike bajó a investigar una pared que sabíamos que tenía mucho pescado y volvió a subir con unas buenas informaciones. Insistimos en una zona de mucha espuma hasta que, mareada por tanto ruido, subió una especie de vaca roja que se engulló el mega popper en un nanosegundo. Caos a bordo, yo agarrado a la barandilla de proa, José intentado alejar el barco de las rocas y la Cubera sacando todo el hilo que podía, a pesar del freno ajustado sobre las 25 libras..... A mi derecha un pico de arrecife que sobresalía como un cuchillo de carnicero, justo donde la marea nos empujaba: barco, pez e hilo. Cuando el hilo quebró, casi resbalé sobre la cubierta de proa, ahorro los comentarios en varios idiomas que siguieron... Posiblemente era un pez por encima de los 35 kilos, un verdadero trofeo. Según pasaban los día la pesca iba aumentando y una mañana, pescando la costa de Isla Coiba llegamos a un par de rocas algo aisladas donde encontramos de todo. Jureles a miles, Roosterfish, Cubere y hasta en Vela a poco metros de la costa. Me hice con un precioso Gallo (Roosterfish) muy peleón, cantidad de Jureles y un par de Cueberas pequeñas. Volvimos también a molestar a los Vela y otro picó, un ejemplar muy hermoso, que el capitán y el mate estimaron en más de 70 kilos. Me hizo sudar bastante, desde luego más que cualquier otro vela que había sacado antes  y encima lo trabajaba con un equipo más pesado. Mike no se perdió ni un minuto de la pelea, nada más tener a los Velas en la popa el se tiraba al agua con sus cámaras subacuaticas y, a pesar de su presencia, los animales seguían atacando a los señuelos cosa que le permitió grabar unas escenas altamente espectaculares. Luego llegaron los Atunes, juntos con el “rebufo” como llaman los panameños al bando de Delfines. Enganché dos lanzando el Ranger, ambos sobre los 15/18 kilos y también una preciosa Llampuga que atacó con una carrera desde muy lejos el prototipo de Sardina que usamos con éxito para el primer vela. Cantidad de pescado por todos lados, hasta me entró otro Vela lanzando a ciegas buscando atunes, llegó a picar 4 veces hasta llegar debajo del barco donde se quedó curioso mirándonos como para ver si éramos parientes, vecinos o que. La tarde del penúltimo día y la mañana del último fueron algo increíble. Llegamos a pescar Isla Ladrones, un peñón de roca de pocos centenares de metros  de ancho y al tercer lance, una Cubera siguió mi popper hasta la mismísima quilla del Pursuit. Un minuto después es Chichi, el marinero, que levanta otra sin lograr clavarla y a la vuelta de la esquina me estaba esperando la más boba, que picó sin temores. Todavía no era lo que buscaba, rondaba los 12 kilos y no llegaba ni a la mitad de un trofeo, pero las cosas iban de bien en mejor, a parte el tiempo a disposición claro, ese estaba a punto de agotarse. Levantamos 5 y sacamos 2, todavía quedaba algunas horas el siguiente día.

Salimos muy pronto por la mañana, y José nos llevó a una plataforma que sobresalía hasta unos 6 o 7 metros de la superficie. Aquello era como un acuario. Tuve una docena de picadas en poco tiempo: muchos Jureles de muy buen tamaño y  dos cuberas grandes que fallaron el señuelo hasta que finalmente entró lo que yo buscaba, prima de la que me rompió en Montosa. Apoyado a la barandilla de proa y con las maquinas marcha atrás, aguantamos la primera carrera de la “rossa” que en pocos minutos se rindió y se dejó agarrar para las fotos. Esta si que estaba bien, posiblemente pasaba los 25 kilitos, una buena pieza y justo premio por el trabajo incansable de todo el equipo y además, Mike pudo grabar la picada al popper, algo verdaderamente espectacular.

Todavía nos quedaba un día más de visita al canal y la capital, que disfrutamos muchísimo. Es una ciudad bonita donde varios trozos de historia se mezclan con los rascacielos y la parte moderna. Pero mi cabeza todavía estaba centrada en belleza del golfo de Chiriquí, de Montosa, del parque nacional de Isla Coiba y los alrededores. Quizás uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida, seguramente el más hermoso del pacífico oriental.

 

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