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“Están
locos,
si
salgo
vivo
de
esta
pesadilla
les
voy
a
matar
a
los
dos.....!”
Esto
es
exactamente
los
que
iba
pensando
cuando
la
tercera
ola
pasaba
por
encima
del
barco
dejándonos
empapados
como
pollitos.
Los
dos
son
Peter
y
Shawn,
guía
y
mate
de
THE
GANNET,
un
PARKER
de
25
pies
que
a
pesar
de
...
pesar
2
toneladas
parecía
una
hoja
seca
en
las
olas
de
las
“shoals”
en
que
estábamos
pescando.
El
lugar
es
NANTUCKET,
una
pequeña
isla
delante
de
Boston
en
Massachussets,
y
las
malditas
shoals
son
unas
zonas
de
mucha
corriente
generada
por
el
cruzarse
de
las
mareas
con
los
bancos
de
arenas
del
fondo
marino.
Mi
antojo
“pesquero”
me
llevó
hasta
allí
en
búsqueda
de
los
STRIPED
BASS
(Morone
Saxatilis),
parientes
cercano
de
las
nuestras
lubinas
con
un
par
de
diferencias
fundamentales:
unas
rayas
horizontales
que
marcan
todo
el
cuerpo
y
el
peso
que
puede
llegar
a
pasar
los
30
kilo.
Schools,
o
sea
bandos
de
STRIPERS
(así
les
llaman
los
autóctonos),
empiezan
a
cruzar
las
costas
del
Atlántico
Norte
de
EEUU
desde
el
Norte
de
Florida
hasta
el
Maine
a
partir
del
mes
de
Abril
o
Mayo,
siguiendo
las
manadas
de
Sardinas,
Anchoas
o
Menhaden
(importante
e
intraducible
pececito)
estableciéndose
en
gran
numero
especialmente
en
zonas
tan
famosas
como
Chesepeake
Bay,
Cape
Cod,
Rhode
Island
y
Nantucket.
La
migración
lleva
los
ejemplares
más
grandes
(llamados
lunkers)
en
Nantucket
sobre
el
mes
de
Mayo/
Junio,
mientras
entre
Julio
y
Octubre
reinan
los
“schoolies”
es
decir
los
ejemplares
de
1
a
4
kilos
que,
a
pesar
de
ser
más
pequeños,
son
muy
abundantes.
Nuestra
isla
tiene
una
historia
muy
larga
e
interesante,
antiguo
pueblo
de
indios,
a
principio
del
1800
empezó
a
convertirse
en
un
pueblo
de
pescadores
que
se
especializaron
en
cazar
las
ballenas
(existe
un
Museo
de
los
balleneros)
hasta
que
EEUU
vedaron
ese
tipo
de
caza
y
la
isla
se
convirtió
en
un
polo
turístico
muy
importante,
siendo
ahora
la
más
cotizada
por
los
ricos
de
Nueva
York,
Boston
y
alrededores.
Ahora
llegar
a
Nantucket
es
fácil,
hay
ferris
y
avionetas
a
diario
y
con
muchos
trayectos
al
día,
hoteles
hay
para
todos
gustos
y
alquilar
un
coche
no
es
problema.
Nada
más
llegar
a
la
isla
se
entiende
que
la
pesca
deportiva
ahora
tiene
una
importancia
elevada:
después
de
que
los
americanos
se
empeñaron
en
proteger
los
stocks
de
los
Manhaden
(fuente
principal
de
alimentación
de
los
Stripers)
y
establecer
leyes
muy
duras
para
la
conservación
de
los
STRIPERS
(abolición
de
pesca
con
redes
cerca
de
las
costas,
medidas
mínimas
y
máximas,
cupos
de
captura
etc.),
el
numero
de
peces
que
habita
estas
costas
es
impresionante
e
da
de
comer
a
una
flota
de
pesca
deportiva
muy
numerosa.
Lo
que
más
sorprende
de
la
isla
es
la
variedad
de
pesca
que
puede
ofrecer,
a
parte
las
shoals
que
mencionamos
antes,
hay
bajíos,
playas
y
mar
abierto
para
poder
cazar
con
señuelos
además
de
las
Lubinas
Rayadas,
Anjovas,
Marlin
Blanco,
Bonitos
Atlánticos,
Atún
Rojo
y
Falsas
Albacoras.:Estos
últimos
tres
túnidos
suelen
acercarse
a
la
isla
sobre
el
mes
de
Agosto,
aunque
es
posible
encontrar
alguno
ya
en
Julio.
Las
Anjovas
son
casi
una
peste,
los
he
sacado
a
docenas,
desde
el
barco
y
desde
la
playa,
en
las
olas
u
en
el
agua
más
tranquila
de
los
bajíos
y,
a
pesar
de
ser
un
estorbo
si
estás
buscando
los
STRIPERS,
hay
que
reconocer
que
son
unas
luchadoras
impresionantes:
un
Golfás
de
2
kilos
desarrolla
una
lucha
equivalente
a
la
de
una
Lubina
de
6
o
quizás
algo
más,
y
los
brincos
que
pegan
son
de
lo
más
entretenido.
Volviendo
a
nuestras
amigas
rayadas
tengo
el
placer
de
comunicaros
que,
al
igual
de
las
Anjovas,
adoran
tirarse
a
los
señuelos
de
superficie..
chan
chan!!!
Siguiendo
las
sugerencias
de
Peter
estuve
usando
con
mucho
éxito
los
Pencil
Poppers
de
Gibbs,
juntos
con
los
Polaris
Poppers
de
la
misma
casa.
Además
traía
Yo-Zuri
y
Duel
para
completar
el
todo.
Hay
que
reconocer
que
además
del
modelo
de
señuelo,
lo
que
valía
era
su
tamaño;
en
esta
agua
tan
revueltas
hacía
falta
“algo”
que
los
peces
pudiesen
detectar,
y
mis
poppers
de
9
cm,
que
tan
bien
funcionaron
en
otras
ocasiones,
aquí
se
perdían
entre
las
olas.
El
espectáculo
que
se
presenta
a
los
ojos
del
pescador
es
salvaje
y
fascinante:
de
repente,
en
una
zona
de
mar
en
calma
total,
hay
como
una
raya
de
x
cientos
de
metros
donde
el
agua
parece
hervir
y
las
olas
aparecer
del
nada,
esta
es
una
“shoal”,
y
allí
viven
estos
maravillosos
peces
que
de
vez
en
cuando
se
dejan
ver
subiendo
a
la
superficie
o
en
una
corrida
con
gaviotas
y
otros
pájaros.
Nuestros
lances
van
al
blanco
de
la
espuma,
entre
ola
y
ola,
donde
se
remueve
más
el
agua;
necesitamos
(parece
absurdo)
precisión
y
distancia
porqué,
a
pesar
de
tener
un
guía
totalmente
pirado
no
era
posible
acercase
más
a
la
zona
caliente
(para
evitar
mucho
trabajo
a
los
submarinistas
que
tenían
que
venir
a
buscar
nuestros
cadáveres)
y
el
viento,
por
la
clásica
ley
de
Murphy,
siempre
sopla
en
contra
nuestro.
Las
cañas
son
las
que
uso
normalmente
en
estas
situaciones,
unos
2
metro
con
potencia
de
lance
hasta
2,5
onzas
y
a
pesar
de
haber
utilizado
en
esa
ocasión
hilos
de
12
y
15
libras
,
si
tuviese
que
volver
no
dudaría
en
usar
un
trenzado
de
20
o
30.
También
llevé
mi
SAGE
de
2.20
mt
y
la
utilicé
con
una
línea
de
8
libras,
me
sirvió
perfectamente
para
la
pesca
en
los
bajíos.

Cambiamos
el
barco
grande
para
meternos
en
un
skiff
Maritime
de
16
pies,
un
barquito
mas
ligero
y
con
poco
calado
estudiado
para
pescar
en
las
“flats”.
Agarré
a
mi
pequeña
Sage
y
empecé
a
lanzar
un
SPIT’N
IMAGE
de
EXCALIBUR
un
walkin’
the
dog,
posiblemente
entre
mis
señuelos
favoritos.
No
hubo
mucha
suerte,
la
marea
había
movido
los
peces
y
solo
pudimos
sacar
unos
cuantos
pequeños
que
me
emocionaron
con
sus
espectaculares
picadas
en
superficie:
la
lucha,
a
pesar
del
tamaño
reducido
era
muy
entretenida
gracias
al
equipo
ligero,
y
mi
experiencia
en
los
bajíos
de
Florida
y
del
Caribe
también
me
sirvió
tan
al
Norte.
Lanzar
hacía
los
blancos,
como
siempre:
buscar
las
rocas,
zonas
de
arena
entre
algas,
cambios
de
color
en
el
fondo,
remolinos
de
corrientes,
escalones
y
cruces
entre
mareas.
Pesqué
también
desde
la
orilla
y
lo
pasé
como
un
enano,
o
bien
en
los
bajíos
de
antes
o
bien
donde
rompían
las
olas
más
fuertes.
En
Long
Cape,
una
tira
de
arena
larga
una
15
millas
y
de
unos
100
metros
de
ancho
donde
solo
se
puede
llegar
con
un
4X4,
al
caer
de
la
noche
tuve
unas
cuantas
picadas
de
Anjovas
y
pude
sacar
5
o
6
desde
la
mismísima
playa,
con
el
agua
hasta
las
rodillas
y
un
viento
tremendo
que
no
me
permitía
lanzar
a
más
de
30
metros
un
maldito
Pencil
Popper
de
50
gramos.
Lanzaba
con
un
equipo
que
ahora
ya
no
tengo,
y
se
que
si
hubiese
tenido
una
buena
caña
de
surf
americana,
como
una
Lamiglas
de
10
pies
acoplada
a
un
buen
carrete
con
trenzado
de
30
libras,
habría
podido
mejor
contra
los
elementos
adversos.
Pesqué
también
en
el
puerto,
pues
sí,
una
noche,
con
la
marea
que
subía,
acosé
a
los
STRIPERS
que
cruzaban
los
muelles
y
me
divertí
como
un
niño:
pescando
con
un
Jig
de
pelo
y
con
unos
CRYSTAL
MINNOW
de
colores
muy
brillantes
enganché
tres
de
ellos.
El
primero
se
metió
debajo
de
unas
estructuras
que
servían
para
amarrar
el
ferry,
y
a
pesar
de
utilizar
todo
mis
trucos
no
hubo
forma
de
sacarlo,
el
secundo
rompió
el
hilo
contra
un
trozo
de
metal
que
salía
del
hormigón
y
que
yo
no
había
visto
y
el
tercero
se
soltó
sin
mostrar
la
chepa.
Lo
bonito
es
que
se
veían
nadar
debajo
de
las
luces
del
puerto
y
las
picadas
eran
aún
más
fuertes
de
las
de
mar
abierto,
afortunadamente
por
ellos
también
los
escondites
que
tenían
les
hacían
casi
invencibles.
De
la
pesca
de
tierra
y
en
los
bajíos
conservo
un
recuerdo
memorable
aunque
tengo
que
reconocer
que
los
sitios
donde
más
peces
había
eran
las
malditas
olas
de
las
“shoals”
que
tanto
pueden
con
un
tío
poco
marinero
como
yo.
De
los
STRIPERS
me
ha
gustado
la
picada,
tan
fuerte
y
brava,
su
bella
librea,
los
lugares
en
que
vive
y
se
caza
y
su
actitud
a
tirarse
a
los
señuelos
de
superficie
con
tanta
violencia,
me
ha
decepcionado
un
poco
su
forma
de
luchar
aunque
un
poco
me
lo
esperaba,
por
ser
parientes
cercanos
de
nuestra
lubina,
bellísimo
pez
pero
no
muy
luchador.
Vuelvo
a
pensar
en
lo
mismo,
¿porque,
para
poder
ver
tanta
pesca
hay
que
viajar
tanto?
Porque
en
nuestros
países
no
se
consigue
cuidar
un
poquito
los
recursos?
En
Nantucket
soltamos
todos
los
peces
menos
el
más
grande
(unos
10
kilos)
que
sacó
mi
chica
sencillamente
porque
no
pudo
recuperarse
del
esfuerzo
de
la
pelea
(Peter
intentó
reanimar
el
pez
por
unos
15
minutos)
así
como
un
Golfás
que
se
enganchó
por
las
agallas
y
no
hubiera
sobrevivido
al
daño.
Posiblemente
devolvimos
con
vida
250
peces
y
lo
pasamos
genial,
hicimos
fotos
y
este
es
al
recuerdo
que
se
queda
de
este
viaje.
Volveré
a
NANTUCKET
o
posiblemente
en
New
England,
quizás
Rhode
Island
donde
me
esperan
un
par
de
buenos
amigos.
Me
ha
encantado
su
naturaleza,
la
comida,
el
mar,
los
peces
y
también
Peter
y
Shawn,
locos
y
geniales
guías,
os
aconsejo
una
visita,
.
Nicola
Zingarelli
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2003
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