El gran desafío de algunos pescadores deportivos es la búsqueda del record, la obsesión para la captura inigualable del pescado más grande con la línea más ligera. Hasta hace pocos años, creyendo saber “algo” de pesca y ser un “experto” solamente por haberme paseado un par de bajíos y pescado un par de docenas de especies diferentes con mi equipo de spinning,  exaltaba el uso de equipos ligeros. Entonces para mi, pasar de las 20 libras persiguiendo lo que sea, era como un desafío al ego de “Súper Pescador” y si podía utilizar material mucho más ligero me satisfacía plenamente. Así, a punto de marcharme para los Jardines de la Reina en Cuba, empaquetaba mi cañita de Trucha con hilos de 4 libras para los Macabí o la de Lucios, con líneas de 8-10 libras para los Jureles, Tarpones y Cia. Eran otros tiempos, y si la pelea duraba menos de 15 minutos no me lo pasaba bien y aunque ya practicaba la captura y suelta todavía no me daba cuenta de la eterna contradicción en que vivía.

 

Vamos al grano. Si es verdad que parte del “jugo” y diversión de la pesca está en llevar la pelea, es también verdad que A veces solo, a veces mal acompañado. Sabemos muy bien que los máximos depredadores son animales oportunistas y que bajo ningún concepto se dejarían escapar un buen sashimi de Pargo sobre todo si está a punto de devolver el alma al Creador. Tiburones y Barracudas, justo para hacer un par de ejemplos, son bien conocidos para los atracos que llevan a cabo a coste de bichos en escasas condiciones físicas. Además de tirarse a degüello sobre los que intentan recomponerse a pesar de un estado de atontamiento general, también celebran banquetes memorables con los desgraciados que todavía llevan “correa” y que estamos intentando acercar con nuestras líneas ligeras. Es fácil ver como un pez enganchado tenga buenas posibilidades de acabar entre mandíbulas ajenas antes de llegar a vuestros pies u, si besado por la suerte, llegar a romper el hilo y tirar pa’ su casita. Bien, como estamos hablando de romper el hilo, me pongo la siguiente interrogación: ¿Cuándo un pez parte el hilo qué ocurre? ¿Que le pasa? Quiero decir: imagino que con solo un poco de mala suerte tenga todavía un anzuelo pegado al morro u, si socio del club de los “gafado”, tendrá por lo menos las dos poteras a hacerle de “piercing” y un buen tramo de hilo arrastrando. Dejando de lado por un momento el conflictivo tema (pero ahora fuera de lugar) “potera o anzuelo sencillo y sus derivaciones”, tenemos a nuestro antiguo adversario que remolca una joya de plástico o metal que, supongo, le complique un poco la vida: ¿Tenemos alguna razón para ser orgullosos de ello? Creo que no. Si los pescadores de spinning tenemos un mínimo de conciencia conservacionista e intentamos practicare la captura y suelta respetando a nuestros adversarios considero que deberíamos de pensar en las consecuencias que conlleva una rotura del hilo e intentar reducir al máximo las posibilidades de que se produzca.

 

Finalmente entra en juego el esfuerzo físico. Yo, y lo admito sin problemas, ya no me divierto en una pelea de una hora seguida: lo hice y de vez en cuando todavía me toca trabajar más de lo que me gusta pero, si puedo reducir el tiempo de combate de 50 en 15 minutos me quedo más a gusto que una castañuela y no pierdo ni un gramo de diversión, al revés, como veremos más adelante, a lo mejor lo gano. Sin tener en cuenta que últimamente los antebrazos empiezan a enviarme señales siniestras, después de haber probado combates demasiado largos con simpáticos representantes de las familias de los Carangidos y de los Túnidos, he decidido que para no tener que renunciar al placer de tirar un popper a un Atún o a un Jurél, lo ato a una cuerda más gruesa y juego con una caña más robusta con la secreta esperanza de que se canse él antes que mis fofitos músculos. Oigo a menudo gente que habla de luchas de una hora o más y, lamentablemente en la mayoría de los casos me doy cuenta que quienes las cuentan no tienen la menor idea de lo que quiere decir luchar por 60 minutos con un poseído que solo tiene ganas de llevarte a ver a los jardines de Atlántis. Una hora con un pez es una cantidad de tiempo increíble y es también un aburrimiento mortal (bajo mi punto de vista) sobre todo si al otro final del hilo se encuentra un trasto que lucha en vertical pero mirando hacía las profundidades, como el Atún por ejemplo. Luchas de este estilo son muy normales para los que cazan el Atún Gigante, el Marlin, el Espada y especies de gran tamaño a curricán, brumeo o a fondo, pero para los pescadores de spinning son muy (afortunadamente) esporádicas. Desde luego, también los pescadores de altura en muchos países están cambiando la tendencia y eligen sus equipos tirando más bien a lo más potente, sin ir más lejos justo para poder recortar los tiempos de combate y devolver el animal al agua con vida.

 

Para cerrar definitivamente este asunto quiero formular una última pregunta: ¿Cuál es el momento que más gusta de una captura? Estoy casi seguro de que la mayoría, sobre todos los fanáticos de los señuelos de superficie, respondería: ¡la picada! Para mi, sin duda, lo es. Imaginar por un momento un espectáculo infernal (o divino) donde el mar hierve de vida, entre pájaros, peces y sardinas. Aquí pegáis vuestro primer bicho. Se me olvidaba, hay otra persona pescando con vosotros y mientras en el carrete tenéis un nylon de 12 libras, vuestro compañero se apaña con un trenzado de 30. Ambos habéis enganchado un Atún, nada increíble, 7 u 8 kilos. Vuestro amigo lo soluciona rápido y en 10 minutos lo ha embarcado y devuelto al agua, vosotros seguís trabajando como condenados intentando evitar que el bicho parta la línea en la quilla o en un timón. A pesar de vuestras imprecaciones los Atunes siguen alrededor del barco y vuestro siempre menos amigo pega otro, un poco más pequeño, y en 8 minutos ya está volviendo a lanzar para enganchar el siguiente...sigo o ya está todo claro? Aunque en esta caso haya elegido un contexto paradojal, siempre existe la posibilidad de encontrarse en situaciones parecidas; una breve lucha lleva a un nuevo lance rápido y si no me equivoco, más tiempo los señuelos transcurren en el agua más posibilidades tienen de que les peguen un bocado. ¿Entonces? Pescamos todos con líneas de 130 libras y hasta luego Lucas? No, no quería llegar a esto, como todo en la vida hay que buscar una medida en las cosas, simplemente sugiero elegir un equipo que todavía esté equilibrado con las fuerzas de nuestros adversarios, aprovechando al máximo los recursos que la tecnología pone a nuestro alcance. Es obvio que el concepto se extiende a todo el equipo, una caña fina acoplada con un hilo demasiado resistente se partiría y un carrete pequeño no podría resistir a las solicitaciones de una buena pelea. La proporción y la armonía entre las varias piezas de nuestras herramientas deberán de ser total: afortunadamente ahora la mayoría de los productores de materiales de pesca tiende a especificar muy bien las características técnicas de cada modelo y nos será muy fácil ensamblar las piezas.

 

Nicola Zingarelli

 

¿Porque los peces enganchados pueden morir?

 

 

 

Los peces capturados y luego soltados pueden llegar a morir por varias razones, pero las dos más importantes son el estrés y las heridas. El estrés es el resultado de una larga pelea. Internamente el esfuerzo físico causa una falta de oxígeno en los tejidos que obliga a los músculos a trabajar anaerobicamente (sin oxigeno). Esto lleva a un aumento del ácido láctico en los tejidos musculares, que luego se expande a la sangre y consecuentemente baja el PH de la misma. Hasta los mínimos cambios del PH pueden causar disfunciones del proceso metabólico, finalmente llegando a matar el pez. Si el pez es devuelto al agua rápidamente después de una breve pelea, el ph de la sangre normalmente vuelve pronto a su estado normal y no afecta al bicho. Algunos animales, después de una larga pelea, aparentan un buen estado de salud, pero el trastorno interno puede llegar a matarlos hasta tres días después. La otra causa prioritaria en el deceso de un pez devuelto al agua son las heridas producidas por el anzuelo. Dichas heridas pueden ser leves u mortales, y lo que marca la diferencia es la ubicación de la posición del anzuelo. Mortalidades más altas ocurren en los peces que han sido enganchados en las agallas, esófago y en el estomago mientras los peces que han sido enganchados en los labios, mandíbulas o alrededor de la boca, tienen muchas más posibilidades de sobrevivir. Por esta razón, cambiar las múltiples poteras triples por un anzuelo sencillo en la cola del señuelo reduce muchísimo las posibilidades de herir el pescado o de engancharlo malamente dificultando su recuperación. Hay también otros tipos de estrés psicológicos que pueden llevar a mayores porcentajes de mortalidad en los peces. Por ejemplo hay bichos que a lo mejor no pueden adaptarse a los cambios de presión u de temperatura del agua aunque, en la mayoría de los casos, a spinning pescamos en las franjas superiores del liquido. Además, cuando se maneja un pez o se pone en contacto con una superficie seca o una sacadera, la capa de muco puede que venga removida dejando una oportunidad para las bacterias de atacar a la piel. Por último quiero desmentir el hecho de que si un pez está sangrando se muere. Hay informaciones científicas sobre esto hasta de un Marlin que capturó en la Grande Barrera Australiana Peter Wright, famoso capitán que ha marcado más de 1.500 picudos en su vida.  El puso en la información de la marca que el bicho sangraba abundantemente por las agallas y que dudaba que podía llegar a recuperarse. Ese mismo Marlin lo volvieron a pescar unos profesionales coreanos después de muchos meses y a muchas millas de distancia. Los peces seguramente se mueren en cuanto les pongamos en la hielera, para los demás siempre hay esperanza.

 

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