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Aprovechando
un
puente
salimos
el
Viernes
con
el
Mascarell,
estupendo
Riviera
33
de
mi
amigo
Oriol,
con
unas
condiciones
de
mar
tipo
Tormenta
Perfecta;
de
vez
en
cuando
a
barco
parado
nos
levantaba
una
“olita”
de
tres
metros
y
el
mar
de
fondo
jugaba
trampas
peligrosas
con
los
jugos
gástricos.
A
pesar
de
todo,
el
Delta,
generoso
como
siempre,
nos
enseñaba
su
espectáculo
cotidiano,
el
baile
de
los
pájaros
y
de
los
peces,
y
la
lucha
por
la
vida
de
los
más
pequeñajos,
boquerones
o
sardinas
que
se
llamen.
En
solo
18
metros
de
profundidad
clavamos
las
primeras
Llampugas
(Coriphena
hippurus)
y
mano
a
mano
que
nos
alejábamos
de
la
costa
salían
diferentes
especies,
Bacoretas
(Euthynnus
Alletteratus),
Bonitos
(Sarda
sarda),
Caballas
(Scomber
scombrus),
Estorninos
(Scomber
japonicus),
Serviolas
(Seriola
dumerili)
y
Jureles
(Trachurus
trachurus).
Solo
se
pescaba
a
spinning,
rigurosamente
con
artificiales:
jigs,
poppers
y
CIA.
Localizados
los
pájaros,
poníamos
el
barco
a
favor
de
viento,
Oriol
ya
es
un
maestro
en
esto,
y
empezábamos
a
lanzar
las
muestras
en
el
cardumen
y
a
su
alrededor.
Los
peces
picaban
con
ganas
y
los
dobletes
eran
frecuentes,
nada
del
otro
mundo,
piezas
desde
medio
kilito
a
dos
pero
muchísimas
y
peleonas,
sobre
todo
si
aprovechadas
con
los
equipos
adecuados.
En
Lake
&
River
acababan
de
entregarme
una
GLoomis
en
tres
piezas
(PR
844-3S)
para
probar
en
el
Mediterráneo
y
los
pelágicos
del
Delta
sacaron
a
la
luz
todas
sus
calidades.
Caña
ligera
pero
con
nervio,
línea
trenzada
de
12
libras
y
mi
inseparable
Daiwa,
equilibrio
perfecto
para
pelear
piezas
de
tamaño
mediano
y
hasta
poder
aguantar
la
lucha
con
una
posible
“sorpresa”
de
mayor
peso.
En
fin,
justamente
cuando
habíamos
llegado
a
localizar
un
bando
de
Bonitos
de
mayor
tamaño,
el
cuerpo
de
servidor
decidió
capitular
y
el
pobre
Oriol,
no
tuvo
más
remedio
que
llevarme
al
puerto
acordándose,
supongo,
de
todos
mis
ancestros...
El
siguiente
día
la
mar
estaba
mucho
más
“humana”,
poco
sol,
nubes
y
claros
y
de
vez
en
cuando
unas
gotitas
de
agua
pero,
afortunadamente
con
poco
oleaje.
El
pescado
se
había
alejado
o
se
quedaba
abajo
sin
decidirse
a
subir
a
comer:
echamos
la
culpa
a
un
bando
de
delfines
que
el
día
anterior,
por
la
tarde,
se
había
acercado
hasta
las
boyas
de
los
cultivos
de
ostras
en
menos
de
25
metros
de
agua,
para
cazar
“nuestras”
presas.
La
excusa
tenía
sentido
y
el
echo
de
que
estos
mamíferos
se
había
arrimado
tanto
a
costa,
cosa
bastante
anómala,
justificaba
un
comportamiento
diferente
de
los
pequeños
pelágicos
que
normalmente
suelen
abundar.
Después
de
haber
rastreado
un
poco
de
norte
a
sur
entre
los
25
y
los
50
metros
de
profundidad
decidimos
dar
una
importante
vuelta
de
tuerca
al
día,
alejarnos
de
los
pastos
habituales
e
ir
buscando
nuevas
“aguas”.
Delante
de
nosotros
se
veía
muy
lejos
la
torre
de
una
de
las
dos
plataformas
de
petróleo,
a
unas
18
millas
de
nuestra
posición,
25
de
la
costa.
Mi
sugerencia
fue
algo
como
“Vamos
a
ver
que
hay
por
allí”,
seguro
de
que
unas
estructuras
tan
imponentes
en
el
medio
del
mar
entre
100
y
200
metros
de
profundidad,
atraen
al
pescado.
En
mi
cabecita
loca
pensaba
sobre
todo
en
los
Atunes,
y
desde
luego
estaba
muy
sugestionado
por
la
lectura
de
un
libro
llamado
“Helldivers
Rodeo”,
las
historias
de
unos
buceadores
americanos
locos,
que
pescan
debajo
de
los
“oil
rigs”,
o
sea
plataformas
de
petróleo,
en
el
Golfo
del
México,
a
la
desembocadura
del
Delta
del
Mississipi.
Quizás
la
visión
de
Serviolas
enormes,
Atunes,
Meros
y
Pargos
había
podido
con
mi
lucidez
y
mi
sentido
común,
quizás
el
paralelismo
Mississipi
–
Ebro
estaba
un
poco
pasado
de
raya,
pero,
de
todas
formas
en
menos
de
una
hora
estábamos
admirando
esa
especie
de
torre
Eiffel
Mediterránea.
Justo
una
milla
antes
de
llegar
a
la
plataforma
más
al
oeste
vimos
un
par
de
boyas
de
buen
tamaño
y
nos
acercamos
para
averiguar
si
tenían
algo
de
vida.
La
más
grande
fue
rodeada
por
completo
sin
que
hubiese
ningún
ataque,
hasta
que
Oriol
puso
un
Jig
y
lo
dejó
caer
un
poco.
La
picada
llegó
de
repente
y
como
siempre
generó
ruidos
y
gritos
no
dignos
de
dos
hombres
grandotes
y
maduritos
como
nosotros,
la
pieza
era
pequeña,
una
Serviolita,
pero
era
algo,
nuestro
desplazamiento
iba
ganando
puntos.
En
el
siguiente
lance
se
levantó
un
pequeño
bando
de
Llampugas,
sacamos
una
y
luego
no
hubo
más
emociones.
Pasamos
a
la
segunda
boya,
un
poco
más
pequeña,
y
los
primeros
señuelos
que
cayeron
al
agua
fueron
justamente
unos
jigs
de
pelo
de
ciervo,
de
media
onza
o
una
onza.
Sin
llegar
a
dar
dos
vueltas
de
manivela
estábamos
ambos
enganchados
con
algo
que
no
tenía
muchas
ganas
de
respirar
un
poco
de
aire
puro,
una
Serviolita
y
una
Llampuga
aparecieron
pronto
debajo
del
barco
y
con
ellas
se
abrieron
las
danzas
porque
desde
aquel
momento
nunca
paramos
de
sacar
pescado.
En
total
estuvimos
pescando
las
5
boyas
que
delimitan
el
perímetro
de
las
plataformas
y
debajo
de
cada
una
de
ellas
encontramos
bandos
alucinantes
de
Llampugas
y
muchísimas
Serviolas
aunque
estas
últimas,
por
su
tamaño
reducido,
intentábamos
dejarlas
en
paz.
Allí
volaban
los
poppers,
y
cada
recuperación
una
manada
de
relámpagos
multicolores
se
exhibía
en
picadas
espectaculares,
ataques
laterales
y
cabezazos
al
engaño
que
a
menudo
se
traducía
en
un
enganche.
Las
luchas
eran
breves
pero
muy
intensas,
los
Dorados
son
peces
muy
batalleros
y
con
solo
dos
kilos
antes
de
rendirse
venden
caras...
las
escamas:
un
festival
de
brincos
y
carreras,
y
un
orgasmo
seguido
de
capturas.
El
Delta
es
así
de
sorprendente,
nuestro
pequeño
Mississipi,
descarga
fosfatos
y
comida
para
la
gran
cadena
alimenticia
y
a
partir
de
finales
de
Mayo
abre
las
hostilidades
para
aficionados
de
todo
tipo.
Un
día
como
el
nuestro,
con
más
de
60
peces
cobrados
(y
devueltos
al
agua,
a
parte
una
ración
para
la
cena),
no
es
exactamente
la
norma
pero
yo
ya
me
he
paseado
la
desembocadura
del
Río
unas
cuantas
veces,
en
las
Estables
de
Garbí
Pesca,
y
a
pesar
de
algún
momento
desagradable
cuando
se
levantaba
el
mestral
o
un
fuerte
levante,
siempre
he
podido
hacer
buena
pesca,
y
a
poca
distancia
de
la
costa.
Claro
el
secreto
está
todo
allí,
a
2,
3,
5,
7
millas
de
la
playa,
en
18,
25,
40
metros
de
agua,
y
los
pájaros
no
te
engañan,
donde
los
ves
peleándose
hasta
el
último
boquerón,
debajo
hay
“aliados”
que
empujan
con
fuerza
y
que
sin
duda
se
dejarán
engañar
por
algún
señuelo.
Otro
día,
para
satisfacer
los
diferentes
gustos
de
la
tripulación,
salimos
a
hacer
un
poco
de
pesca
mixta,
el
curricán
con
el
Espetón
muerto,
técnica
micidial
para
Palometones
(Lichia
amia)
y
Anjovas
(Pomatomus
saltatrix)
y
mi
querido
spinning,
con
un
puñado
de
poppers.
Al
atardecer,
después
de
haber
visto
mucho
pescado
pero
enganchado
poco
decidimos
acercarnos
a
la
rompiente
delante
de
la
bocana
del
río
y
entonces
nos
dimos
cuenta
que
un
bando
impresionante
de
Anjovas
estaba
cazando
las
lisas
justo
donde
rompía
la
ola.
En
pocos
minutos
tuve
varios
ataques
a
mi
Gibbs
“Polaris
Popper”
color
verde
flourescente
y
en
uno
de
ellos
entró
un
poderosos
Tallams
que
se
entregó
después
de
una
buena
lucha
decorada
con
saltos,
piruetas
y
carreras.
Otra
vez,
en
una
bonita
jornada
en
solitario
con
una
pequeña
Estable,
estuve
persiguiendo
bandos
mega
galácticos
de
Caballas
y
Palometas
y
sacando
de
vez
en
cuando
una
Anjova
de
paso,
no
pesqué
por
mucho
tiempo
pero
del
número
de
piezas
perdí
la
cuenta.
Decir
que
soy
un
experto
del
Delta
es
algo
que
no
correspondería
a
la
verdad,
soy
un
gran
aficionado
de
aquella
zona,
que
considero
como
la
mejor
zona
de
pesca
del
Mediterráneo,
y
que
creo
debería
de
ser
explotada
más
por
los
pescadores
deportivos
teniendo
en
cuenta
que
goza
de
una
infraestructuras
de
buen
nivel
para
practicar
nuestro
deporte.
Hay
hoteles,
apartamentos,
casas,
un
buen
puerto
deportivo,
el
de
la
Ampolla,
unos
alquileres
de
embarcaciones
con
y
sin
guía,
como
Garbí
Pesca
y
sobre
todos
hay
mucha
pesca,
que
es
lo
que
más
importa.
Las
especies
que
podemos
encontrar
varían
un
poco
según
la
temporada,
pequeños
pelágicos
como
las
Caballas
y
los
Estorninos
más
o
menos
se
encuentran
desde
Mayo
hasta
Noviembre,
la
mejor
temporada
para
el
Palometón
y
la
Anjova
rueda
entre
finales
de
Mayo
y
primeros
de
Julio,
luego,
cuando
entra
el
bochorno,
la
actividad
se
para
un
poco
para
volver
ad
animarse
un
poco
a
partir
de
mediados
de
Septiembre.
Y
es
justamente
Septiembre
que
juntos
con
Octubre,
se
lleva
la
palma
del
gran
frenesí
alimenticio.
A
pocas
millas
de
las
playas,
se
juntan
pelágicos
de
todo
tipo
y
tamaño,
desde
los
Bonitos
hasta
las
Llampugas
y
los
pequeños
Atunes
(que
por
cierto
deberíamos
de
dejar
en
paz
y
devolver
sin
dudar)
y
Bacoretas,
pasando
por
Serviolas,
Jureles,
y
varios
escómbridos
de
pequeña
y
media
talla.
La
Lubinas,
que
no
nos
olvide,
gracias
a
tan
abundancia
de
agua
dulce,
abundan
en
el
río
mismo,
su
alrededor
y
en
las
mejilloneras
protegidas
detrás
de
la
punta
del
Fangar,
donde
se
pueden
perseguir
o
bien
a
pié
vadeando
en
el
agua
poco
profunda
u
en
un
barco
con
poco
calado,
que
se
pueda
meter
en
los
bajíos
que
ha
formado
el
Delta
en
estos
siglos.
Pensándolo
bien,
quizás
esta
sea
la
única
zona
de
España
(¿del
Mediterráneo?)
que
tenga
bajíos,
las
“flats
catalanas”
que,
aunque
sin
Macabí
y
Permit,
alojan
a
Lubinas,
Anjovas
y
Palometones,
que
muy
a
menudo
cazan
las
Lisas
en
dos
dedos
de
agua.
A
veces
con
amigos
que
pescan
por
la
zona
fantasticamos
sobre
lo
bonito
que
sería
si
aquello
se
transformara
en
un
parque
natural
donde
solo
se
pudiera
practicar
la
pesca
deportiva,
hundiendo
barcos
y
cuerpos
muertos
(el
verano
pasado
se
hundieron
varios
centenares
de
biótopos
de
hormigón)
para
introducir
más
ambientes
y
creando
más
infraestructuras
para
que
los
deportivos,
de
tierra
y
de
barco,
pudieran
disfrutar
de
algo
tan
especial.
En
fin,
lo
del
Delta
no
tiene
desperdicios,
la
paella
está
exquisita
y
los
mosquitos
bien
gordos
(algo
malo
tenía
que
haber!),
y
si
la
comunidad
me
pagase
algo
para
escribir
este
articulo
y
promocionar
su
zona,
hasta
diría
que
los
alrededores
son
muy
bonitos,
pero
de
momento
me
abstengo
porque
de
echo
la
zona
no
es
que
sea
una
maravilla...Vamos
a
pescar
al
Delta,
el
caribe
catalán,
actuamos
como
deportivos
y
pescamos
con
conciencia
devolviendo
las
capturas,
quedándonos
solo
las
que
quisiéramos
comer:
en
el
Club
Náutico
de
la
Ampolla
preparan
unas
Caballas
marinadas
y
un
Jurel
al
horno
que
te
mueres,
y
durante
el
fin
de
semana
allí
se
juntan
a
desayunar
muchas
de
las
tripulaciones
que
salen
luego
a
pescar
por
la
mañana.
Allí
estaré
yo
prontito
por
la
mañana,
preparando
mis
señuelos
y
disfrutando
de
un
buen
jamón
y
pan
tumaca,
nos
vemos
a
partir
de
finales
de
Mayo,
y
si
os
hacéis
socio
de
la
IGFA
a
lo
mejor
nos
vemos
en
próximo
encuentro.
Nicola
Zingarelli
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