¡Susto! Sisseñores, susto cuando mi popper fue envestido por un bicho OVNI que sospechamos reconocer como Centropomus undecimalis, lejano parecido de nuestra Lubina con la que comparte el nombre regional de Robalo (Snook en inglés) y a la que saca unos 25 kilos de talla máxima. Amén, el OVNI no se clava y seguimos nuestra pesca en la bocana del río, el Esquinas. Hay millones de sardinas y de vez en cuando algunas se disparan hacía el otro elemento para escaparse de desgracia segura, la desembocadura hierve con vida y esperamos la siguiente picada con emoción. Otra vez mi Saltwater Chug Bug, popper de Storm, rompe la calma tropical y una boca grande como un cubo sale del agua (supongo que había un cuerpo pegado detrás) e intenta hacer pupita a mi artificial...escena de peli del terror. “Robalominator” a lo mejor pasaba los 20 kilos y se abalanzó sobre mi cebo saltando hacía el barco así que pude ver perfectamente su abertura bucal romper la superficie del agua y fallar clamorosamente a mi señuelo. Sin éxito pero con emociones, así se quedó nuestra primera tarde de primavera en el Golfo Dulce; habíamos llegado a Puerto Jiménez por la mañana y después de haber dejado las maletas en la habitación del Crocodile Bay Lodge nos habíamos aventurado en una media jornada de pesca dentro del mismo Golfo en búsqueda de especies costeras. Sin embargo, la verdadera misión esta vez eran los Velas, con los poppers, algo bastante emocionante. Estuvimos cenando con el amigo Ed Huges, relaciones públicas del Crocodile Bay Lodge y mítico capitán de Rhode Island. Estaba con sus amigos James Baab del Gray’s Sporting Journal y Mike Laptew excelente productor de vídeos de pesca en misión en CR para grabar a los picudos. Nos despedimos agotados después de unas buenas risas, a las 07:00 de la mañana me esperaba un agradable despertador para salir a pescar.

El día siguiente, dejé a Lydia con un guía que la llevaba a visitar el parque de Matapalos y me puse en marcha hacía el muelle para conocer a la tripulación de mi barco y por primera vez en mi vida me encontré con un “mate” femenino, Lisa, compañera del capitán, Scott. Les propuse de dejar todo el equipo de curricán a tierra explicándoles que era mi intención pescar a spinning con poppers, así que, si lo creían posible, podíamos salir a los Velas con solo los teasers y una caña de 80 libras por si se asomaba un Marlin. La propuesta generó entusiasmo, y así zarpamos rumbo cabo Matapalo, para luego tirar hacía oeste entre las 12 y las 20 millas de la costa, el reino de los Velas. Íbamos a pescarlos con la técnica del “Teasing”, trainando con unos “konas” de cabeza blanda sin anzuelos para poderlos levantar y acercar al barco y luego lanzarles un popper: para mi era la primera vez y no sabía ni como podían reaccionar los bichos ni como podía reaccionar yo.

Red Hot me había dicho Ed el día anterior, muy calientes estaban los Picudos en aquella temporada, me aseguró un día de fuego, sin pausas ni respiros y en pocos minutos su adivinanza se cumplió. El primer Vela atacó uno de los teasers y a bordo se armó una de las buenas. Lisa y Scott se pusieron a recuperar las dos muestras libres y en cuestión de segundos Scott ya estaba acercando al barco la que el Vela seguía golpeándola con el pico. Me encontré con el Vela enfurecido a 3 metros de la borda y apenas le pude lanzar el popper, casi me tocó soltarlo en el agua por lo cerca que estaba. Cierto es que no dudó un segundo en subir a la superficie y pegarle un golpe con la espada, luego se dio la vuelta con el artificial entre las mandíbulas y por un segundo pensé que lo tenía, enseguida se soltó y sin prisa se alejó del barco. Cambié el señuelo rápidamente por un Skitter Pop de Rapala de 12 cm  y le monté en el anillo posterior un anzuelo sencillo del 8/0, un VMC 9171 Salmon Siwash, con una curva muy amplia y seguramente mejor capacidad de penetración del que tenía poco antes, un 5/0. En pocos minutos ya estaban los teasers en el agua y el segundo Vela llegó como un tornado, y no llegó solo. De repente teníamos a 4 peces debajo del barco, con sus aletas abiertas, colores brillantes e malas intenciones: al caer al agua de mi artificial uno de ellos decidió atacar y esta vez el hierro encontró un sitio en la mandíbula y pude clavar con fuerza, 2, 3, 4, 5 veces hasta que el bicho salió volando hacía al siguiente paralelo. Duró poco la pelea, evidentemente uno de los otros Velas se puso en el medio y cortó el hilo, dejándonos un poco sorprendidos aunque comentó Scott que suele ocurrir a menudo. De todas formas, por alguna razón que otra seguimos todavía perdiendo muchas picadas, había que cambiar algo de táctica y eliminar los errores. Pensé en suavizar un poco la acción y dejar que el animal “comiese” el señuelo antes de pegar el cachete; lo consulté con Scott y pensamos que era una buena idea, el único riesgo era que lo llegara a escupir antes, por resultarle demasiado duro e innatural. 

Seguimos pescando y en poco tiempo teníamos a otra pareja detrás de dos teasers, uno de ellos se abalanzó sobre mi Skitter Pop y acercándole la punta de la caña, le dejé comer antes de empezar la operación para clavarle. Bueno, el “drop back” parece que funcionó, y nuestro primer Vela empezó su espectáculo circense con brincos y volteretas que yo seguía sin soltarle el ojo de encima. Para la clavada y la lucha puse en práctica unos truquillos aprendidos con los Tarpones en el Caribe: en primer lugar el cachete se pega sin levantar la caña, sino pegando tirones horizontales, así se aumentan las posibilidades de colocar el anzuelo en el lateral de la boca y conseguir un agarre más firme además de poder ejecutar  la operación con más potencia. Luego,  hay que evitar de forzar el pez cuando está saltando fuera del agua y sacudiendo violentamente la cabeza en el intento de escupir el anzuelo. Manteniendo el hilo en tensión le damos un apoyo donde hacer fuerza y le ayudamos en el intento, mientras apuntando la caña en su dirección y así reduciendo la tensión del hilo  mantenemos la situación bajo control y en nuestra ventaja. El primer Vela fue estimado por Scott en 80 libras, algo menos de 40 kilos, y se había rendido a mi cañita de spinning en menos de 10 minutos, una vez echa la foto Scott lo revivió y lo devolvió a su elemento en perfecta forma, listo para otra batalla. A primera hora de la tarde entró el segundo, un poco más grande y un poco más peleón: 120 libras de músculos enganchados a un pequeño (en su boca) Saltwater Chug Bug de Storm armado con el mismo anzuelo sencillo y otra vez devuelto al agua con vida después de las fotos de rito. Había Velas por todos lados pero el día siguió sin más capturas, a parte un poco de emoción con un Dorado tamaño Extra Large que pegó un cabezazo a un kona. Llegué al muelle destrozado pero contento, James embarcado con Ed había pegado muchos con cola de rata pero no había sacado ninguno, el único que se había clavado se enredó con el terminal y partió la línea. 

Lydia y Lisa se encuentran a las 08:00 de la mañana del día siguiente, hay empatía; Dos mujeres en un barco pescando...¡cómo no va a haber! Scott está como siempre de buen humor y ya con más confianza empieza a meterse conmigo, yo por mi parte tengo gana de volver a ver aquello espectáculo, es mi último día de pesca y me apetece un mogollón respirarme todo el iodo del mundo y mirar el mar hasta el aburrimiento. Fue otra jornada fantástica, como la que se pueden ver en los reportajes de pesca o del National Geografic.  Bandos de Velas comiendo Sardinas en superficie, centenares de  Delfines patrullando el Pacífico y cazando en grupo, Dorados enormes surcando la estela del barco y pegando golpes a los teasers y sobre todo muchos Velas detrás de los excitadores y pegados a nuestros poppers aunque esta vez, sin capturas. Así fue el segundo día, generoso para los ojos y avaro para el deporte, Lydia no conseguía conectar con esta nueva y complicada técnica y yo estaba un poco rígido y me dejaba llevar por las emociones. Pegué bien solamente a dos pero ambos partieron la línea quizás con la ayuda de algún compañero, volvimos al muelle “bolos” pero seguramente emocionados por tanto ver y tanta acción. La cuenta con los picudos sigue abierta, hay más gente que ya ha probado a pescarlos con los poppers pero entiendo que no hay ninguna “escuela” y que hay mucho margen para mejorar, es lo que pienso hacer, volviendo pronto al Crocodile Bay Lodge, en aquel maravilloso país que se llama Costa Rica. Pacífico.

 

Nicola Zingarelli

 

Para este viaje contacta con: www.navarsol.com - tel 902100760 - e-mail: pesca@navarsol.com

 

 

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