Dentro de las opciones que ofrece el spinning desde costa en Canarias existe la oportunidad de poder pelear y capturar una especie  potente, rápida e inteligente durante todo el año. Además, la encontramos al lado de casa y su caza tiene con un coste reducido en cuanto a equipo e infraestructura. Todo merece una reflexión por escrito sobre los aspectos que rodean su pesca, aunque solo sea a través de la puesta en común de experiencias personales.

 

El sujeto en cuestión es un túnido de la familia de los escómbridos, conocido científicamente como Sarda sarda, genéricamente como Bonito  y localmente en Canarias como sierra. Su cuerpo es alargado y estrecho, su hocico puntiagudo y su boca grande esta provista de fuertes dientes cónicos ligeramente inclinados hacía atrás. La coloración de nuestro amigo varia con la edad, pero en líneas generales podemos decir que el dorso presenta tonalidades azul verdosas o azul marinas, siendo más oscuro en la parte alta y sobre la cabeza. Aunque  lo que realmente le caracteriza son las siete, ocho o nueve bandas oscuras estrechas y rectas que, dispuestas en sentido oblicuo de delante a atrás y de abajo a arriba, cruzan la ondulada línea lateral. Son estas bandas y su disposición uno de los aspectos que ayudan a diferenciarlo de su primo, el listado, Katsuwonus pelamis, de hábitos mucho más pelágicos y mucho menos litorales que el Sierra. El tamaño máximo de la especie, no excede los 75 cm. y los 8 o 10 Kg. de peso en los ejemplares más grandes, mientras que el tamaño medio se sitúa entre los 30 y 50 cm. y los 1-3 Kg. de peso.

 

De su “modus vivendi” sabemos algo los que practicamos la pesca de depredadores desde costa en las islas, ya sea a spinning o con carnada viva, modalidad muy popular entre los pescadores de “orilla” del archipiélago. Tengamos en cuenta,  que el sierra al igual que la barracuda y el pejerrey constituye una de las capturas más usuales y su presencia es constante durante todo el año. Sus desplazamientos a lo largo de la costa se realizan preferentemente en bandos de no muchos individuos que persiguen, acosan y depredan los cardúmenes de sardinas, bogas, “guelde” blanco u otros especimenes entre los que se incluyen las agujas y los calamares. Entre los ambientes más propicios en los que buscarle tenemos que citar como más querenciosos aquellos fondos o veriles limpios con una profundidad media de 10 a 20 metros situados próximos a  puntas, cortados y escolleras abiertas donde tengamos constancia que se concentren los cardúmenes de pequeños peces que le sirven de alimento. No obstante y en virtud de sus correrías alimenticias pueden penetrar  en insospechados  lugares de escaso fondo y en el interior de ensenadas naturales, playas o instalaciones portuarias. En este sentido, son espectaculares las escenas de caza que nos brindan en determinadas ocasiones, con estrategias dignas de aparecer en los mejores manuales militares y un repertorio de carreras, ataques y saltos capaces de subir la adrenalina y acelerar el pulso al pescador más experimentado. Estos frenesís alimenticios suelen producirse y son más fáciles de observar en esos días próximos a los plenilunios, con mar llana y los bancos de “carnada” rizando la superficie. A colación y por si a alguien le sirve, el 80% de los sierras que he logrado capturar en un año, lo he hecho en fases de luna nueva o cuarto menguante, mientras que el resto han sido apresados en períodos de luna llena y creciente o en días de actividad a priori poco relevantes. Estacionalmente hablando, hace no mucho tiempo me comentaba un pescador profesional que el sierra es un pescado de invierno, dejándose ver  mayormente por nuestras orillas en el período comprendido entre los meses de diciembre y abril, disminuyendo su presencia litoral en la época veraniega. Tampoco debemos dejar de tener en cuenta, que el sierra al igual que el resto de depredadores, se muestra mucho más agresivo en período reproductivo, cuando las hembras se encuentran repletas de huevas y un pequeño pez de colorines puede ser aparte de comida un molesto intruso. De cara a su pesca y  en lo que a momentos del día se refiere, el sierra se muestra más activo en los cambios de luminosidad que preceden al amanecer y al atardecer, pero sobre todo en los momentos de penumbra que preceden al orto. Esos 30 o 40 minutos de media luz, inmediatos a la salida del sol.

 

Una vez analizado su aspecto y vistos sus hábitos de comportamiento vamos a hablar de su pesca con señuelos artificiales.

 

En lo relativo al equipo a utilizar, los requerimientos de este pez no suponen una diferencia sustancial con respecto al usado para el resto de nuestras especies costeras. Siendo como es un pez de “aire”, nos basta con una caña de spinning o surf spinning – muy adecuadas estas últimas para la pesca desde costa en Canarias – de  unos 3 metros de longitud, acción preferentemente rápida o de punta y capaz de lanzar señuelos de al menos 50 g. A esta le acoplaremos un carrete modelo 4000 o 6000 dotado de un decente freno delantero y una velocidad de recuperación no inferior a 5,1:1. Lo cargaremos con al menos 150 metros de multifilamento de 25 a 45 Lb. al que doblaremos el último medio metro acoplándole como bajo de línea uno o dos metros de monofilamento de 45 a 60 Lb.

En lo relativo a señuelos, no nos engañemos, todo sirve y depende en gran medida de la fe que tengamos en ellos y de nuestra habilidad para utilizarlos.  Debemos tener en cuenta que interpretar el comportamiento de los peces y las condiciones ambientales de cada momento son destrezas clave en la pesca de depredadores, pero si tuviera que recomendar dos artificiales, estos serían los Jigs de Bucktail y los minnows. Sí bien, también se dan capturas con señuelos esencialmente de superficie como poppers, paseantes o skipping lures. Dicen que para gusto se hicieron los colores, y esto ocurre con la elección de los que deben llevar los señuelos empleados para tentar al sierra. Usemos el arco iris y las combinaciones derivadas de él, dará resultado. No obstante, como siempre, existen preferencias y las mías son: para los minnows colores naturales boga y sobre todo sardina, aunque también me han funcionado en ocasiones los naranjas y amarillos chillones en horas de poca luz y cabezas rojas en el caso de días oscuros y lugares de mucha espuma, ya dije, el arco iris. Para los jigs  las combinaciones de cabeza blanca o plata con ojos, boca y agallas rojas y dressing en verde y azul con reflejos brillantes son casi infalibles. En cuanto a la acción de pesca e independientemente del señuelo empleado, trataremos de alcanzar unos 60 o 70 metros con nuestro lance. Pescando con minnows recogeremos de manera viva y aplicando pequeños golpes de muñeca que hagan contonear nuestro artificial llamando la atención. Para los jigs, recomiendo dos tipos básicos de acción de recogida: dientes de sierra un tanto exagerados y rápidos por un lado y recogida veloz y uniforme que haga correr al jig en superficie por otro. No obstante, recurramos al ingenio. La versatilidad de acciones y presentaciones que nos ofrecen un bucktail merece la pena ser explotada en su totalidad.

La picada será en la mayoría de los casos rápida y decidida, acometiendo al artificial por sus costados, pues el sierra al igual que la barracuda ataca casi  siempre a los ojos. Es preciso dar unos o dos cachetes pues su boca no deja de ser dura y el  clavar bien nos ahorrara disgustos posteriores. Tras breves segundos de desconcierto nuestro amigo emprenderá una frenética y desordenada lucha en pos de liberarse del señuelo en la que a vertiginosas huidas que sacan línea del carrete siguen en ocasiones perdidas de tensión del hilo que pueden hacer creer al pescador que el pez se ha soltado. En realidad se trata de una táctica de combate, el sierra viene hacía nosotros y debemos de apresurarnos a recoger y volver a tensar línea para no perderlo, hecho este bastante frecuente si es un anzuelo simple de jig y no uno o varios anzuelos triples los que le aprisionan. Una vez peleado, nos queda arrimar el animal hasta la sacadera o el bichero, o  aprovechar una ola para que nos lo ponga en seco. Es este un momento siempre delicado, pues por regla general,  al sierra no le hace ninguna gracia el verse en la frontera de su medio y reserva sus últimas energías para una carrera final de las que en más de una ocasión sale airoso. Para evitarnos disgustos en estos últimos momentos es recomendable aflojar algo más el freno del carrete o quizás, mejor aún, jugar con la posibilidad de abrir el pick-up. Esto evitara la tristeza por la perdida de una pelea ganada o la rotura de una caña querida.

 

> El litoral canario es en muchos sectores abrupto y acantilado, hay que andar con ojo. Llevar buen calzado para caminar por mal país o terreno resbaloso es más que recomendable. Una buena linterna para movernos en los obligatorios momentos de poca luz es imprescindible. Observar la marea antes de decidir donde nos colocamos, sobre todo en costas de barlovento, es obligatorio. Siempre y ante todo, seguridad. Pescamos por la satisfacción que este hecho nos proporciona y  no existe captura por grande e importante que sea  que merezca el más pequeño de los sustos.

> Sí acortamos el tiempo de pelea con un sierra, crecerán las posibilidades de atrapar algún otro. Al casi nunca andar solos, el “escándalo” de carreras que forma un ejemplar prendido, puede alertar y asustar a sus congéneres, alejándose del lugar y dejándonos con menos satisfacciones de las posibles. 

> Si una vez capturado un sierra decidimos quedarnos con él para disfrutar de sus cualidades gastronómicas, una manera de atraer la presencia de otros individuos o mantener por los alrededores a los que le acompañan es hacer un tajo profundo en la cola o las agallas del animal y verter su sangre. La sangre del sierra como la de cualquier túnido es un poderoso atrayente incluso para su misma especie. Este método también es recomendado para desangrar el pescado y evitar un sabor demasiado fuerte a la hora de ser cocinado.

Respetemos los ejemplares inmaduros, llevemos solo el pescado que vayamos a consumir y devolvamos el resto al agua.

 

Saludos y buena pesca.

 

Texto: Mario Suárez Naranjo con la colaboración de Guillermo Báez Jiménez.

Fotos: Mario Suárez Naranjo y Claudio Moreno Medina.

 

Para el que desee saber más sobre esta u otras especies recomiendo consultar la enciclopedia virtual ubicada en  www.fishbase.com y la obra “Peces de mar y de río” editada por URMO S.A. de Ediciones bajo la dirección de J. Angel Grijelmo.

 

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