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Creo
que
la
Anjova
represente
para
los
pescadores
de
Spinning
un
verdadero
“gamefish”
como
dicen
los
americanos,
un
pez
deportivo:
la
potencia
que
desarrolla
en
la
lucha,
los
brincos
y
las
espectaculares
picadas
en
superficie
hacen
de
él
un
adversario
que
se
gana
a
pulso
la
simpatía
de
todos
los
que
utilizan
los
señuelos.
Si
a
esto
añadimos
la
relativa
abundancia
en
las
aguas
que
circundan
la
península
Ibérica
y
la
posibilidad
de
cazarlo
embarcados
o
desde
tierra,
es
fácil
comprender
porque
tenemos
que
tenerlo
en
alta
consideración.
He
pescado
Anjovas
en
Valencia,
Delta
del
Ebro,
Cádiz,
Almería
y
en
Canarias.
En
América
del
Norte
en
Nantucket
(Massachussets),
Newport
(New
England)
y
Cabo
Cañaveral
en
Florida,
encontrando
las
piezas
más
grandes
en
Graciosa,
Canarias,
y
las
más
numerosas
en
Nantucket
donde
pero
hay
que
decir
que
no
he
ido
nunca
a
buscar
los
“lunkers”
o
sea
los
bichos
que
superan
los
7/8
kilos
y
que
también
abundan
en
esos
lugares.
En
cada
sitio
he
tenido
que
adaptarme
a
las
diferentes
condiciones
ambientales
y
utilizar
una
forma
de
pesca
distinta,
y
muchas
veces
he
disfrutado
con
buenas
capturas
y
aprendido
nuevos
secretos
sobre
ellos.
Con
este
articulo
espero
poder
ayudar
un
poco
a
los
que
quieren
cazarlos
a
spinning,
especialidad
emocionante
que
se
está
difundiendo
rápidamente
en
Europa.
Empezamos
diciendo
que
la
temporada
en
el
Mediterráneo
comienza
a
finales
de
Abril
y
según
las
condiciones
metereológicas
sigue
hasta
Octubre
o
Noviembre.
En
el
Atlántico
a
lo
mejor
se
arriman
un
poco
más
tarde,
cuando
el
agua
llega
a
los
20/21
grados.
Útil
destacar
que
en
Canarias
hay
peces
a
lo
largo
de
todo
el
año,
siendo
los
mejores
meses
desde
Mayo
hasta
Octubre.
A
pesar
de
la
fama
que
les
rodea,
nuestros
feroces
“escamudos”
son
un
poco
raritos,
y
al
momento
de
echarse
al
engaño
tienen
unas
costumbres
que
no
siempre
facilitan
el
trabajo
del
pobre
pescador.
A
veces
resultan
extremadamente
feroces
y
agresivos
atacando
sin
miedo
u
temores,
mientras
otras
se
exhiben
en
clamorosos
marcha
atrás
o,
peor
aún,
pasan
olímpicamente
de
nuestras
ofertas.
Me
temo
que
la
palabra
mágica
para
hacerse
con
las
Anjovas
“conflictivas”
es
fantasía.
Fantasía
en
la
recuperación
y
en
el
uso
y
elección
de
los
señuelos.
Fantasía
en
la
acción
de
pesca
y
en
la
presentación
del
cebo.
Nunca
dejar
algo
sin
intentar,
quizás
el
mejor
consejo
que
saldrá
de
este
artículo.
Ya
sabemos
que
en
la
pesca
no
existen
dogmas
que
nos
permitan
acertar
siempre
pero,
por
ejemplo,
tengo
una
regla
general
que
sigo
para
pescar
las
Chovas:
señuelos
grandes
para
aguas
muy
movidas
y
más
pequeños
para
ambientes
más
tranquilos.
Es
un
concepto
bastante
sencillo
pero
intentaré
explicarlo
mejor
con
unos
ejemplos
concretos:
en
el
Perelló,
como
en
el
Delta
del
Ebro,
se
pesca
muy
a
menudo
en
monumentales
averíos;
desde
Mayo
hasta
Octubre
en
estas
zonas
se
concentra
mucho
pescadito
y
cada
día
ocurren
unas
especies
de
Apocalipsis
entre
Anjovas,
Palometas,
Caballas
y
Jureles
que
se
juntan
en
espectaculares
bolas
donde
los
cazadores
vienen
del
aire
y
del
agua.
La
primera
vez
que
pesqué
en
el
Perelló,
Valencia,
me
encontré
delante
de
una
visión
dantesca
con
gaviotas
y
peces
peleándose
los
alevines
justo
a
poco
centenares
de
metros
de
la
playa.
Mirando
el
tamaño
del
señuelo
que
tenía
puesto,
a
su
aviso
muy
grande,
el
patrón
del
barco
me
aconsejó
cambiarlo
por
algo
más
pequeño
y
yo,
como
buen
estudiante
acepté
el
consejo
y
puse
un
Hydro
Tiger
de
9cm,
popper
de
Yo-Zuri.
Además
de
adaptar
las
dimensiones
del
artificial
tuve
que
trabajar
de
fantasía
para
reparar
a
un
pequeño
problema.
A
pesar
de
las
muchas
persecuciones
ninguna
Anjova
se
decidía
en
atacar
con
decisión
así
que
me
lancé
en
una
nueva
y
salvaje
forma
de
recuperación.
En
lugar
de
los
ortodoxos
tironcitos
empecé
a
girar
el
manivela
a
velocidad
muy
alta
y
a
pegar
unos
tirones
importantes
que
levantaban
pequeñas
columnas
de
agua.
¿El
resultado?
En
una
tarde
capturé
y
solté
una
docena
de
Tallams.
Todo
lo
contrario
ocurría
en
Nantucket,
América
del
Norte
estado
del
Massachussets:
las
Chovas
atacaban
artificiales
enormes.
Hay
que
decir
que
la
isla
se
encuentra
en
el
Océano
Atlántico
y
es
cruzada
por
muchas
corrientes
y
mareas
muy
fuertes:
estos
elementos
favorecen
la
formación
de
bancos
o
montañas
de
arena
allí
llamados
“shoals”
o
“edges”,
y
en
estas
zonas
de
aguas
tan
tumultuosas
viven
y
comen
los
“Bluefish”.
Se
suele
lanzar
en
áreas
donde
el
mar
ruge
y
da
mucho
respeto,
y
si
al
final
de
la
línea
está
atado
un
señuelo
de
9
centímetros,
pasará
tan
inobservado
como
un
mosquito
que
se
ahoga
en
una
piscina.
En
situaciones
similares
es
necesario
hacerse
notar
y
para
conseguirlo
la
única
solución
es
utilizar
muestras
muy
grandes
como
los
Surface
Cruiser
de
Yo-Zuri,
los
Perfect
Popper
de
Hab’s
o
los
Pencil
Popper
de
Gibbs,
puros
de
17
centímetros
de
construcción
yankee
que
hacen
mucho
ruido
y
salpican
come
posesos.
Así
que
después
de
estos
dos
ejemplos
puntuales
podemos
un
poco
ampliar
y
puntualizar
el
tema
de
los
artificiales,
los
colores,
las
formas
y
todo
el
tinglado.
El
ejemplo
del
Perelló
podría
inducir
a
pensar
que
esa
es
la
manera
mejor
de
enganchar
uno
de
estos
bichos,
pero
si
nos
tomamos
la
molestia
de
estudiar
algo
de
teoría,
podemos
ampliar
un
poco
el
tema.
Los
que
“entienden”
de
esto
dicen
que
lo
más
eficaz
para
enganchar
una
Anjova
en
situaciones
de
gran
conmoción
como
los
averíos,
es
igualar
la
muestra
con
lo
que
están
comiendo
y
sin
duda
es
una
grande
verdad....
con
algunas
reservas.
Vamos
por
partes,
lo
primero
que
hay
que
hacer
es
seguir
el
dogma
e
intentar
con
la
imitación
más
realista.
Si
luego
el
famoso
movimiento
de
la
sardina
despistada
no
funciona,
a
lo
mejor
hay
que
ir
a
tocar
las
cuerdas
de
la
agresividad
y
de
la
territorialidad
y
cambiar
de
marcha,
más
o
menos
lo
que
expliqué
hace
poco.
Supongo
que
a
las
Anjovas
les
moleste
bastante
que
un
duende
falto
de
respeto
se
les
escape
sin
pagar
aduana
y
posiblemente,
picados
en
su
repris,
lo
atacarán
(y
de
echo
lo
atacan).
Está
claro
que
utilizar
este
tipo
de
artificiales,
poppers,
pencil
poppers,
skipping
lures
etc.,
va
más
allá
de
la
eficacia
o
de
la
necesidad:
su
utilizo
es
un
placer,
al
gusto
de
la
pelea
añadimos
el
orgasmo
visual
de
la
picada,
siempre
escandalosa
e
improvisa.
Pero,
situaciones
especiales
y
averíos
a
parte,
muchas
veces
las
Chovas
tendremos
que
buscarlas
con
lupa
qué
no
siempre
señalizarán
su
presencia
y
el
trabajo
será
más
duro.
Supongamos
que
nuestro
campo
de
batalla
sea
uno
cualquiera
de
los
hábitat
que
se
mencionan
en
la
ficha
La
Anjova,
entre
los
muchos
problemas
que
tenemos
que
resolver
uno
de
los
más
importantes
es
de
tomar
una
rápida
decisión
sobre
que
señuelo
utilizar.
Admitiendo
que
el
agua
esté
limpia
y
que
la
temperatura
de
la
misma
sea
la
buena,
yo,
casi
superfluo
repetirlo,
montaría
sin
pensarlo
dos
veces
un
popper
o
un
pencil
popper.
Yo
les
utilizo
también
como
señuelos
de
búsqueda
porque,
sobre
todo
los
pencil
poppers,
trabajando
más
rápido
y
emitiendo
muchas
vibraciones,
permiten
encontrar
el
pescado
más
fácilmente
que
los
artificiales
tradicionales.
Sin
embargo,
si
el
agua
no
estuviese
tan
limpia
a
lo
mejor
tantearía
un
poco
el
ambiente
con
algún
señuelo
flotante
que
nade
poco
por
debajo
de
la
superficie
o
un
buen
bucktail,
un
jig
de
pelo
de
cola
de
ciervo,
con
el
que
podremos
explorar
los
diferentes
estratos
del
liquido
con
facilidad.
Se
conoce
que
en
condiciones
de
menor
visibilidad
los
señuelos
de
superficie
pierden
de
eficacia
y
por
esto
volvemos
a
nuestros
amigos
“de
toda
la
vida”.
La
forma
mejor
de
recuperar
las
muestras
quizás
salga
mañana
misma
de
vuestra
fantasía
y
experimentaciones,
pero
como
línea
general
a
las
Anjovas
les
va
la
guerra
y
algo
que
se
mueva
un
poco
acelerado
normalmente
consigue
más
“puntos”.
Dicho
esto
también
vale
todo
lo
contrario
porque
asimismo
se
consiguen
picadas
con
señuelos
tipo
Slug-go
o
como
los
“Needlefish”
[en
la
foto],
unos
atrezos
muy
curiosos
que
se
utilizan
mucho
en
el
NE
de
EEUU,
que
pretenden
imitar
una
aguja
o
un
lanzón
y
que
se
trabajan
muy
lentamente.
Antes
de
acabar
me
gustaría
expresar
mis
personalísimas
opiniones
sobre
los
colores.
Para
nada
al
mundo
cambiaría
un
señuelo
de
superficie
chillón
por
uno
de
colores
naturales,
aunque
mi
vecino
de
pesca
estuviese
demostrando
lo
contrario.
Para
poppers
y
compañía,
amarillo,
rosa,
naranja,
verde
fluorescente,
cabeza
roja
y
si
os
ocurre
algo
más
grotesco
adelante
con
él.
Para
los
señuelos
tradicionales,
vale
todo
y
el
contrario
de
todo:
desde
un
clásico
mújol,
a
una
imitación
sardina,
boga,
el
amarillo
u
blanco
con
cabeza
roja
o
el
tremendo
anaranjado.
Blanco/chartreuse,
blanco/rojo,
amarillo/rojo,
verde/blanco
son
las
mejores
combinaciones
para
los
jigs,
que
no
falten
en
vuestra
caja
y
si
apetece,
los
podéis
mejorar
un
poco
añadiendo
una
cola
de
vinilo
para
que
emanen
más
vibraciones.
Las
cabezas
plomadas
con
peces
de
vinilo
o
artificiales
montados
sin
plomo
como
el
Slug-go
o
el
Fin-S
que
mencionábamos
antes,
son
buenas
opciones
en
determinadas
situaciones.
El
problema
con
estos
artilugios
es
que
duran
un
mordisco,
los
dientes
de
las
Anjovas
non
perdonan.
Recordar
que
el
agua
muy
tranquila
dificulta
nuestra
labor
porque
los
peces
tienen
más
tiempo
y
menos
problemas
para
“pensar”
y
enterarse
del
engaño,
así
que,
en
estos
casos
hay
que
aprovechar
ciertos
momentos
del
día,
como
el
amanecer
y
el
ocaso
o,
si
en
el
Atlántico,
las
mejores
mareas.
Estas
serán
de
tener
en
cuenta
en
cada
momento
pero
no
hay
que
olvidar
que
en
cada
zona
nos
sirven
de
diferente
forma,
una
marea
que
sube
puede
ser
tan
eficaz
pescando
desde
la
playa
como
inútil
una
vez
que
se
esté
lanzando
desde
un
acantilado,
o
viceversa.
Es
bueno
saber
que
los
dientes
de
la
Anjova
pueden
cortar
el
monofilamento
y
el
trenzado,
así
que
la
prudencia
recomendaría
utilizar
cable
de
acero,
sin
embargo,
sobre
todo
en
condiciones
de
agua
muy
clara,
sería
mejor
evitar
de
ponerlo
porque
podría
alarmar
los
peces.
Yo
normalmente
suelo
doblar
medio
metro
de
línea
y
luego
juntar
un
terminal
de
unos
60/70
cm
de
nylon
o
fluorocarbono
de
30/50
libras
sin
cable:
si
el
señuelo
que
utilizamos
es
suficientemente
grande
será
complicado
que
las
Anjovas
lleguen
a
morder
hasta
el
hilo
y
cortar,
sin
embargo
si
es
pequeñito,
a
lo
mejor
nos
la
jugamos
y
para
evitar
problemas
podemos
entonces
montar
un
pedazo
de
alambre
de
unos
10
centímetros.
Es
preciso
evidenciar
que
el
terminal
de
nylon
es
indispensable
cuando
se
utiliza
el
trenzado,
que
notoriamente
no
destaca
por
su
transparencia
e
invisibilidad
en
el
agua.
Nicola
Zingarelli
Para
aligerar
un
poco
este
articulo,
he
ampliado
la
ficha
del
Anjova
con
más
detalles
sobre
el
hábitat
y
la
distribución,
y
el
link
os
llevará
directamente
a
ella.
También
para
los
equipos
podéis
echar
un
vistazo
al
tercer
capítulo
del
Spinning,
allí
vais
a
encontrar
mucha
más
información
de
la
que
podría
poner
aquí.
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